El terror habitó durante cuatro meses en una vivienda a las afueras del barrio rural zaragozano de Garrapinillos. Una joven de 23 años lo vivió durante "cuatro meses que se hicieron eternos", secuestrada por miembros de su propia familia con los que se había ido a vivir voluntariamente tres meses antes. Esta casa, ubicada en un lugar apartado, se convirtió en una jaula de la que casi no sale con vida por las numerosas torturas y vejaciones a las que se vio sometida. Un "infierno" del que conserva cicatrices y quemaduras por todo su cuerpo, aunque ahora está a salvo, junto a su madre y sus tres hermanos.