Expósito, en su viaje a Groenlandia: "Los daneses se sienten heridos porque Trump les quiere quitar una isla gigante, con mucho futuro económico"

Las intenciones de Donald Trump de hacerse con Groenlandia vuelven a agitar la política internacional y a generar una mezcla de incredulidad, orgullo herido y preocupación en Dinamarca. Una idea que para muchos suena a provocación, pero que en el norte de Europa se vive con más seriedad de la que parece. Así lo cuenta Ángel Expósito, director de La Linterna, desde su viaje a la zona, donde palpa sobre el terreno el impacto de unas declaraciones que han reabierto viejas tensiones geopolíticas. “Los daneses se sienten heridos porque Trump les quiere quitar una isla gigante, con mucho futuro económico”, explica Expósito, minutos antes de volar rumbo a Nuuk, la capital groenlandesa, en una conexión con Fin de Semana. Groenlandia no es solo hielo y frío extremo. Es un territorio estratégico, cuatro veces más grande que España y con apenas 50.000 habitantes, pero con un enorme valor geopolítico y económico. Sus recursos minerales, las nuevas rutas marítimas abiertas por el deshielo y su posición clave en el Ártico la convierten en una pieza muy codiciada. Estados Unidos lo sabe y Trump lo ha verbalizado sin rodeos. Aunque desde Dinamarca se insiste en que no hay riesgo de un conflicto militar, sí existe la sensación de que Washington ejercerá presión. “No piensan que vaya a haber un ataque, pero sí que Trump va a poner dinero encima de la mesa”, señala Expósito. El sentimiento dominante entre los daneses es contradictorio. Por un lado, hay orgullo y apego a un territorio que forma parte del Reino de Dinamarca desde hace más de dos siglos. Por otro, desconcierto. “Son aliados fieles de la OTAN y de Estados Unidos, por eso hay un sentimiento de herida”, explica el periodista. La idea de que un socio estratégico pueda intentar “comprar” una parte tan importante del país genera malestar. “No se lo quieren tocar”, resume Expósito, aunque reconoce que Groenlandia supone un enorme coste económico para Dinamarca. Sobre el terreno, la situación es compleja. Groenlandia goza de autonomía, pero depende de Dinamarca para servicios básicos como sanidad, seguridad o subsidios. La mayoría de la población es inuit, con una minoría danesa, y el sentimiento proestadounidense es minoritario. “Hay pequeños grupos de jóvenes que dicen ‘que vengan los americanos, que nos dan una pasta’”, cuenta Expósito. Sin embargo, la mayoría descarta sentirse estadounidense y valora la protección del Estado danés, aunque también existen movimientos independentistas que quieren separarse de Copenhague. El equipo de COPE se desplaza hasta Groenlandia en condiciones extremas, con Expósito, Rubén Corral y Álvaro García. “Estamos a tres bajo cero, pero la sensación térmica es de once o doce bajo cero”, relata Expósito desde Reikiavik, con retrasos en los vuelos por un clima “sencillamente catastrófico”. El objetivo es claro: contar cómo se vive allí esta tensión internacional. “Queremos hablar con daneses, con españoles que viven allí y con los propios groenlandeses para entender sus miedos y sus expectativas”, explica. Más allá de la provocación política, el interés de Estados Unidos es estratégico. “El futuro económico de Groenlandia es impresionante”, afirma Expósito. Minerales críticos, control de rutas marítimas y presencia militar en el Ártico explican por qué Trump no quiere soltar el tema… y por qué Dinamarca tampoco. Mientras tanto, Groenlandia se convierte en el epicentro de una historia que mezcla hielo, poder y dinero. Un conflicto silencioso que, lejos de ser una anécdota, anticipa cómo será la nueva geopolítica del siglo XXI.