La "palabra clave" del Papa al peregrino que caminó 3.000 km para invitarle a Cantabria: "Se rio porque no lo sabía"

El malagueño Adrián Ruiz Pelayo ha cumplido su sueño tras recorrer más de 3.000 kilómetros por mar y tierra desde Palermo hasta Roma: conocer al Papa Francisco. El encuentro, que ha tenido lugar en el Vaticano, ha sido, en sus propias palabras, “muy sencillo, muy humano”. “Me acerqué con muchísima humildad, más que como peregrino, no, ni le dije mi nombre”, ha explicado. Ante el Pontífice, se presentó como un “peregrino de esperanza”, en alusión a las palabras del propio Papa. “Humildemente he hecho todo el jubileo de la esperanza caminando por Italia”, le transmitió. Su objetivo no era solo personal, sino que buscaba ser el altavoz de la bondad de todas las personas que le ayudaron en su camino. El Papa se sorprendió por el largo peregrinaje del malagueño y bendijo el ciprés que Adrián ha llevado consigo durante todo el trayecto. La mayor sorpresa para el Pontífice llegó con la petición de Adrián: le propuso una visita a Santo Toribio de Liébana (Cantabria) para el próximo Jubileo de 2028, recordándole que el Papa León I Magno le dio a Santo Toribio el Lignum Crucis. Según relata el peregrino, el Papa “se rio porque ese dato no lo sabía”, y pronunció “una palabra clave que pude comprender que sí, que le pareció entusiasmado”. Ahora, Adrián Ruiz Pelayo tiene pendiente hablar con el secretario del Pontífice para intentar que este nuevo sueño se haga también realidad. El ciprés tiene un gran simbolismo. La idea surgió en el monasterio de Santo Toribio, donde el padre Pachi soñaba con plantar un Cupressus sempervirens, conocido como el “árbol de la cruz”. Con semillas de Jerusalén, los monjes franciscanos y Adrián idearon llevarlo al Vaticano para que el Papa lo bendijera antes de traerlo de vuelta al monasterio. Este no es el primer peregrinaje de Adrián, pero sí uno de los más especiales. Lo ha realizado sin dinero y dependiendo por completo de la generosidad de la gente que se ha encontrado. Aunque el encuentro con el Papa ha sido el momento culminante, recuerda con especial emoción el cruce del estrecho de Mesina. “Familias que conocí allí” y la propia guardia costera le ayudaron y escoltaron. “No me he sentido fuera de casa”, concluye.