Rafa Domínguez (75): "Cobro 740 € y Hacienda me han quitado 81 € porque vendimos un piso. Es una ruina, no sé cómo tiene la gente ganas ni de trabajar"

Rafa Domínguez, un constructor con décadas de experiencia, ha lanzado una dura crítica contra la mentalidad laboral de las nuevas generaciones. Según su visión, se ha perdido el valor del esfuerzo y la paciencia para aprender un oficio. "Lo primero que hacen es preguntarte cuánto vas a ganar, pero ¿qué vas a ganar? Primero me tienes que demostrar lo que sabes hacer", lamenta Domínguez al comparar la actitud actual con la de sus inicios, cuando un joven debía probar su valía antes de exigir un salario. Domínguez, que empezó a trabajar en la obra con solo 13 años junto a su abuelo, recuerda una época en la que "había que ayudar a tus padres". Esta realidad, señala, choca frontalmente con la mentalidad que percibe hoy: "La gente yo creo que se ha acomodado mucho con el discurso de 'yo pongo la mano y que otro arriesgue el dinero', y encima yo me merezco el mundo". Este cambio de paradigma, en su opinión, es el principal problema actual. Esta nueva actitud tiene consecuencias directas para los empresarios. La desconfianza crece y muchos optan por no contratar para evitar problemas. "Al final acaba haciendo que el empresario no quiera saber nada de contratar a nadie", explica. Como resultado, cada vez más gente se ve abocada a establecerse como autónomo, ya que las empresas prefieren subcontratar a gente de confianza en lugar de arriesgarse con nuevas contrataciones. La experiencia de Rafa Domínguez es un testimonio de la dureza del sector. A los 16 años ya era oficial de primera, pero el camino no fue fácil. "Cuando empezamos a trabajar, todo al lomo. Ni había ni hormigonera ni montacargas", relata. Las vigas se subían con cuerdas y el hormigón se mezclaba a pala. El trabajo más duro, explica, es "coger aguas", es decir, levantar la estructura desde la cimentación hasta el tejado, incluyendo las fachadas y los forjados, las estructuras que forman los pisos. Esa exigencia física es una de las razones por las que, según Domínguez, oficios como la construcción o la hostelería ya no atraen a los jóvenes. "¿Quién va a estar en la hostelería? Si en cuanto que le dicen que tiene que estar hasta las 2 de la noche trabajando (...) no quiere trabajar nadie", afirma. Esta falta de mano de obra nacional abre la puerta a trabajadores extranjeros, generando un debate social complejo. En este sentido, Domínguez señala lo que considera una "gran hipocresía": quienes se oponen a la inmigración a menudo no están dispuestos a asumir el coste que implicaría tener mano de obra nacional. "Si no quieres que te venga mano de obra extranjera con salarios menores (...), tú tienes que pagar un servicio con mayor sueldo para que el empresario pueda pagarlo", argumenta. Para él, es deshonesto exigir salarios más altos para los trabajadores locales sin estar dispuesto a pagar más por el producto o servicio final. El desincentivo para quien quiere trabajar es otro de los puntos clave de su crítica. Domínguez denuncia que el sistema actual perjudica a quien se esfuerza, mientras que otros "se están aprovechando de que tú trabajas más". Pone como ejemplo a quienes cobran el paro y, al mismo tiempo, "se van a hacer chapuzas por ahí", quitándole el trabajo a otros y generando una competencia desleal. La presión sobre los emprendedores y autónomos es otro factor que, en su opinión, ahoga la economía. Critica la voracidad de Hacienda: "Son insaciables. Es que están metiendo mano a la gente que no tiene un puto duro y los están comiendo la moral". Esta persecución fiscal, unida a la burocracia y la falta de ayudas, provoca que la gente no tenga "ni ganas de trabajar", ya que emprender se ha convertido en una carrera de obstáculos casi insuperable.