Estadísticas que analizan el comportamiento de los adolescentes, como las que promueve el Plan Nacional sobre Drogas, dibujan un panorama de aficiones poco alentador para la literatura: leer es una práctica muchísimo menos extendida que practicar algún deporte o salir con los amigos. Y, si se compara la lectura con la actividad favorita de los chicos, navegar por Internet, es casi minoritaria, con un 21 por ciento de adeptos frente al 96% que prefiere caer en las redes de las nuevas tecnologías. Informes como PISA muestran un retroceso en lectura y el curso que viene la Xunta ha fijado una hora de leer en todas las etapas. Con todo, los libros se resisten a morir y los templos que los cobijan, las bibliotecas, reconvertidas ahora también en centros de recursos tecnológicos, resisten con ellos.