Un testigo iraní en España desvela la situación límite del país: "Estamos más cerca que nunca de la caída del régimen"

Irán cumple ya tres semanas de protestas contra el gobierno teocrático, en lo que se considera el mayor desafío al régimen desde 2022. Miles de iraníes continúan saliendo a las calles a diario a pesar de la represión brutal con la que el ayatolá está respondiendo. La situación es de máxima tensión, agravada por el corte de las comunicaciones que el régimen ha impuesto. "Poca información está saliendo del país por el corte de comunicaciones, de Internet y también redes telefónicas", explica un ciudadano iraní residente en España que prefiere mantener el anonimato. A diferencia de otras movilizaciones anteriores, como las que ocurrieron en 2022, estas protestas tienen un elemento que lo cambia todo. Según explica este testigo directo, "la gente siempre está buscando una excusa para salir a la calle", pero el problema hasta ahora es que no había "un líder o alguien que nos pueda unificar", en un país con gran diversidad de etnias y de oposición. Ahora, la intervención del hijo del sha de Persia, exiliado en Estados Unidos, ha logrado que "toda la oposición" se ponga de acuerdo, provocando que gente de diferentes etnias se una en las calles. Este cambio ha arrastrado a sectores de la sociedad que antes no participaban. "Está saliendo gente de diferentes edades, que antes no pasaba, y también de diferentes, o sea, hasta el mercado", señala. La adhesión del mercado de Teherán es un hecho insólito, ya que, según apunta, "es algo que la verdad nadie se esperaba, porque realmente siempre apoyaban al régimen y tenían una relación bastante más estricta con él que el resto de la sociedad". Las protestas actuales no responden solo a una crisis económica, sino que aglutinan un anhelo profundo de cambio. "Estas protestas definen un poco todo, ¿no? Libertad de expresión, el feminismo, derechos de la mujer, derechos de toda clase de personas en la sociedad, y obviamente la gente está harta", afirma. En este contexto, se han vuelto virales las imágenes de mujeres quitándose el hiyab o quemando fotos del líder supremo. El entrevistado asegura que en Irán "un 70 o 75 por cien no cree en ninguna religión y cree en la libertad, en vestirse como quiere y ser como países europeos, occidentales". El miedo parece haber desaparecido de las calles, a pesar de la violencia extrema. "La gente ya no tiene miedo. Antes sí que se notaba el miedo en el corazón de la gente", comenta. La determinación es tal que ni las cifras de víctimas frenan las movilizaciones. "Estamos teniendo muchos muertos porque está siendo una masacre. Ayer había un dato que decía que 2.000 personas solamente habían muerto en Teherán. Es una barbaridad, pero bueno, la gente aún así está saliendo", lamenta. Por todo ello, considera que ya no se puede hablar de una simple protesta. La represión incluye un apagón informativo casi total. El acceso a internet está cortado y obtener información es una odisea. Algunos ciudadanos usan la tecnología de Starlink, una red de satélites que el Gobierno no puede controlar, pero el régimen "está con un detector de frecuencias revisando casi todas las calles para detectar quién lo está usando". Esto obliga a los usuarios a conectarse solo por segundos. Es la única vía para que el mundo vea lo que ocurre, pero insuficiente. "Estamos incomunicados completamente", afirma el testigo, que no sabe nada de su familia en Irán. Ante esta situación límite, la perspectiva sobre la ayuda exterior ha cambiado. "Ningún iraní quiere que haya una intervención extranjera para nuestra libertad, hasta ahora ha sido esa la idea, pero hemos llegado a un punto que no nos queda otra", confiesa. Su petición a los gobiernos y organizaciones internacionales es clara: "Necesitamos que nos ayuden desde fuera, al menos que sean nuestra voz". El llamamiento final es contundente y se dirige a Europa: "Dejar de trabajar con el régimen iraní, cerrar sus cuentas bancarias aquí y sancionarlos al máximo".