El periodista Ángel Expósito se encuentra en Reikiavik (Islandia), a medio camino de su destino final, Nuuk, la capital de Groenlandia. Un viaje periodístico clave que ha quedado temporalmente interrumpido por la mala meteorología en la gigantesca isla ártica. A pesar de una temperatura oficial de dos o tres grados bajo cero, similar a la que ha vivido Madrid recientemente, la sensación térmica se desploma hasta los -15 grados. Este contratiempo, sin embargo, no hace más que subrayar la creciente importancia de un territorio que se ha situado en el centro de una batalla geoestratégica global. Con una extensión de dos millones de kilómetros cuadrados, el equivalente a cuatro veces España, y una población de apenas 56.000 habitantes, Groenlandia es una tierra de contrastes. La mayor parte de su población se concentra en la capital, Nuuk, y en pequeños núcleos urbanos en la costa suroeste, mientras que el resto permanece como un vasto territorio inexplorado. Esta desproporción entre tamaño y población oculta un valor estratégico que los mapas tradicionales, con sus distorsiones, no siempre reflejan. Si se observa el globo terráqueo desde el Polo Norte, la perspectiva cambia radicalmente. "Te das cuenta lo cerca que está Rusia de Estados Unidos solo con atravesar el Polo Norte", explica Expósito. Esta proximidad convierte al Ártico en un corredor de una importancia militar extraordinaria. El cambio climático está acelerando el deshielo y abriendo nuevas rutas marítimas que revolucionarán el comercio mundial. Un barco que viaje de China a Europa por el norte podría reducir el trayecto a la mitad en comparación con la ruta tradicional del Canal de Suez. "Imagínate lo que supone eso para el comercio mundial", reflexiona el periodista. Este potencial económico ha despertado el interés de las grandes potencias. No es casualidad que Donald Trump mostrara su interés en comprar la isla, ni que China y Rusia hayan intensificado su presencia e inversiones en la región. Para Europa, y en concreto para Dinamarca, de quien depende Groenlandia, abandonar esta tierra no es una opción. Su control es vital tanto desde el punto de vista militar, al ser territorio de la OTAN, como económico y geológico, por los vastos recursos que se esconden bajo su capa de hielo. A pie de campo, la realidad es compleja. Expósito informa de un cierto sentimiento nacionalista entre algunos groenlandeses, aunque matiza que es una independencia "de boquilla", ya que la isla depende absolutamente de la Dinamarca continental. La mayoría de la población se siente europeísta, consciente de su pertenencia a un entramado de seguridad y prosperidad, y muy pocos se muestran favorables a una mayor influencia estadounidense. En su viaje, el equipo de 'La Linterna' ha contactado con varios españoles que viven y trabajan en la zona, desde una catalana que ha realizado un máster sobre el cambio climático en el mejillón hasta un nutricionista almeriense. El objetivo es analizar sobre el terreno los desafíos económicos, militares y sociales de la región. "Donde está la noticia, pues nos venimos y aquí estamos", ha señalado Expósito, listo para retransmitir su programa desde allí en cuanto la meteorología lo permita.