La idea de que el principal objetivo de Estados Unidos en Venezuela es apropiarse de su petróleo se ha convertido en un mantra repetido con insistencia. Sin embargo, el economista Juan Ramón Rallo ha desmentido esta tesis, argumentando que los datos y la lógica geopolítica apuntan en una dirección muy diferente. Según su análisis, la fijación con el crudo venezolano es una "simplificación que no se sostiene" al examinar la realidad del mercado energético y los verdaderos intereses estratégicos de Washington. Uno de los pilares del argumento de Rallo es la transformación energética de Estados Unidos. Gracias a la revolución del 'fracking' o fracturación hidráulica, el país norteamericano ha pasado de ser un gran importador a convertirse en uno de los mayores productores de crudo del mundo. "EEUU ha alcanzado una independencia energética que hace unas décadas era impensable", señala el economista, lo que reduce drásticamente su dependencia del petróleo extranjero, incluido el venezolano. A esto se suma la calidad del crudo venezolano, que es mayoritariamente extrapesado. Este tipo de petróleo requiere un complejo y costoso proceso de refinado que no todas las refinerías pueden asumir. De hecho, muchas de las plantas estadounidenses que estaban adaptadas para este crudo han sido reconvertidas. Rallo es contundente al respecto y desmonta la idea de una necesidad imperiosa por este recurso. Más allá de la logística, el analista pone el foco en los abrumadores costes económicos que implicaría una intervención para controlar el petróleo. Estabilizar la colapsada industria petrolera de Venezuela (PDVSA) requeriría una inversión de miles de millones de dólares, sin garantías de retorno a corto o medio plazo. "El beneficio potencial del petróleo no compensa, ni de lejos, el coste fiscal y militar de una operación de esa magnitud", explica Rallo, calificando la idea de "un negocio ruinoso para el contribuyente americano". En el plano político, una acción directa de EEUU para derrocar a Nicolás Maduro y tomar el control de los recursos generaría un rechazo internacional generalizado, especialmente en América Latina. Esta situación aislaría a Washington y minaría su 'soft power' o poder blando en la región, un activo diplomático que, según Rallo, la administración estadounidense valora enormemente y no está dispuesta a sacrificar. Entonces, si no es el petróleo, ¿cuál es el interés real? Rallo apunta a factores puramente geopolíticos y humanitarios. La principal preocupación de Estados Unidos es la profunda desestabilización que genera el régimen de Maduro, resultando en la mayor crisis de refugiados de la historia reciente del hemisferio occidental. Este éxodo masivo afecta directamente a aliados clave como Colombia, creando una presión insostenible en sus fronteras y servicios públicos. Finalmente, el economista subraya la creciente presencia de potencias rivales como Rusia y China en Venezuela, que han ofrecido soporte financiero y político al chavismo. Para Estados Unidos, tener un "Estado fallido" consolidado y respaldado por adversarios en su "patio trasero" es una amenaza estratégica de primer orden. "La Doctrina Monroe, aunque con matices, sigue muy presente en el pensamiento estratégico de Washington", concluye Rallo, señalando que la prioridad es la seguridad regional, no la expropiación de unos pozos petrolíferos en ruinas.