Una enfermera desvela el error que daña tu piel al curar heridas: por qué nunca debes usar alcohol o agua oxigenada

Ante una herida, el gesto casi instintivo de recurrir al botiquín en busca de alcohol o agua oxigenada es una práctica extendida en la mayoría de los hogares. La creencia popular de que “si pica, cura” ha perpetuado el uso de estos antisépticos como primera opción. Sin embargo, una experta en enfermería, Belén, ha desmontado este mito y ha explicado por qué ambos productos no solo no son la mejor alternativa, sino que pueden resultar contraproducentes para una correcta curación de la piel. La principal advertencia de los sanitarios se centra en los efectos adversos que estos líquidos provocan en el tejido. Lejos de ser beneficiosos, su aplicación “es bastante dolorosa, no se ha comprobado que sea mejor que el agua y el jabón, y provocan daño en el tejido sano”, señala la enfermera. Esta agresión a las células saludables de la piel interfiere directamente en el proceso natural de regeneración y cierre de la herida. Además de este daño directo, se ha comprobado que el alcohol puede desencadenar reacciones cutáneas adversas en la zona afectada. Por su parte, el agua oxigenada presenta un inconveniente aún más preocupante: “puede afectar a la coagulación y a la cicatrización de la herida”. Esto significa que, en lugar de acelerar el proceso, podría ralentizarlo y dificultar que el cuerpo genere un nuevo tejido de forma eficiente, aumentando el riesgo de infecciones o de que quede una marca peor. Entonces, ¿cuál es el procedimiento correcto? La recomendación profesional es clara y sencilla. El primer paso, ineludible, es limpiar la herida con agua y jabón para eliminar la suciedad, bacterias y restos de tejido. Solo después de este paso fundamental se debe aplicar un antiséptico adecuado. Las dos mejores alternativas disponibles en el mercado, según la experta, son la povidona yodada (Betadine) y la clorhexidina (Cristalmina). Aunque ambos son eficaces, no son intercambiables y presentan diferencias importantes. El Betadine está contraindicado en ciertos grupos de población, como personas con alergia al yodo, al marisco o a contrastes yodados. Tampoco deben usarlo menores de 2 años, mujeres embarazadas o personas con alteraciones en el tiroides, ya que puede interferir en su funcionamiento. Además, su uso prolongado puede teñir la piel o causar dermatitis, y no debe aplicarse en mucosas como la boca, los ojos o los genitales. A pesar de sus limitaciones, el Betadine sigue siendo una herramienta muy valiosa en el ámbito sanitario. Su capacidad de penetración lo hace especialmente recomendable para cortes profundos, ya que permite desinfectar la herida en toda su extensión y llegar eficazmente al fondo de la misma, algo crucial para prevenir infecciones internas que pueden ser más difíciles de tratar. Frente a las restricciones del Betadine, la clorhexidina o Cristalmina se posiciona como una alternativa más segura y con un espectro de uso mucho más amplio. Es apta para embarazadas, produce menos irritación en la piel y está disponible en múltiples formatos, como geles o soluciones, que facilitan su aplicación. Sin embargo, la enfermera subraya un detalle crucial: “no elimina la suciedad por completo de la herida, por lo que es importante que previamente la limpiemos con agua y jabón”. Finalmente, la experta lanza una advertencia final que resulta de vital importancia para garantizar la efectividad del tratamiento y evitar complicaciones. “Nunca combinemos la cristalina con el betadine”, recalca. La mezcla de ambos compuestos no solo provoca que pierdan su eficacia como antisépticos, sino que también puede generar una reacción adversa en la piel, como picazón o urticaria, empeorando la situación inicial de la herida.