Jorge no puede con la soledad del escritorio de su cuarto, le cuesta concentrarse si no hay distracciones, si las tiene que buscar en un móvil que no para de vibrar y es incapaz de quitárselo de en medio. Le duelen los oídos de escuchar que lo suyo es sacar el teléfono de la habitación, lo dicen todos los profesores. Pero quillo, que no es capaz. Y esa certeza le acojona un poco, la verdad. Está enganchado, enmonado perdido. Hace tiempo que se dio cuenta de que necesita del contagio colectivo y el ambiente para entonarse. Es como si al estar rodeado de gente le diese como más reparo echar la tarde scrolleando con un libro abierto por delante. Queda... Ver Más