Tras la Guerra Civil, la dictadura de Francisco Franco enfrentó una España destrozada y empobrecida. En lugar de optar por una salida pragmática que permitiera la integración en el contexto internacional y la reconstrucción del país, el régimen franquista impuso un modelo económico basado en la autarquía, que, lejos de ser una solución a los problemas del país, resultó en un desastre económico que perjudicó a millones de españoles durante décadas. La autarquía fue una política ideológica que respondía más a los intereses del dictador que a las necesidades reales del país. Franco y su entorno, alineados con un nacionalismo económico radical, buscaron crear una economía cerrada, basada en la autosuficiencia y el aislamiento del resto del mundo. Esta decisión, tomada en un contexto de aislamiento internacional —especialmente tras la derrota de las potencias del Eje en la Segunda Guerra Mundial—, no fue una estrategia para reconstruir el país, sino una manera de consolidar su poder y controlar todas las facetas de la vida española. El régimen, además de cerrar España a los mercados internacionales, priorizó el control total de la producción y la distribución de bienes básicos, lo que resultó en escasez, racionamiento y pobreza generalizada. Mientras el resto de Europa se recuperaba de la guerra, España vivió sumida en un atraso económico que se tradujo en una brutal caída en los niveles de vida. El racionamiento de alimentos y bienes de primera necesidad, como la ropa o los productos de higiene, era la norma. La mayoría de la población sufría de hambre y de falta de acceso a productos básicos, mientras que las élites franquistas, estrechamente vinculadas al régimen, se beneficiaban de un sistema económico controlado y obsoleto. La autarquía, además, impuso un control férreo sobre los precios y los salarios, sin ningún tipo de consideración por la ineficiencia que ello provocaba. La industria española no avanzaba, atrapada en un modelo productivo anticuado y con escaso acceso a nuevas tecnologías. Las empresas se mantenían a duras penas, con recursos limitados y sin posibilidad de competir con otras naciones más abiertas al comercio. El resultado fue una economía paralizada, que se arrastraba en una espiral de escasez e ineficiencia. El aislamiento internacional impuesto por Franco tuvo repercusiones aún más graves. Mientras los países europeos reiniciaban sus economías mediante acuerdos y planes de cooperación, España quedaba al margen, atrapada en una política que la mantenía alejada de los avances tecnológicos y económicos de la posguerra. Esta desconexión de la economía global retrasó gravemente la modernización del país y condenó a generaciones enteras a vivir en la pobreza. Franco, sin embargo, no solo aisló económicamente a España, sino que también impuso la autarquía como un dogma ideológico, una especie de ley moral sobre la que no se podía cuestionar. El dictador veía en la autosuficiencia una manera de fortalecer su régimen, controlando todos los aspectos de la economía y de la vida social. De este modo, la autarquía se convirtió en una herramienta para reforzar su autocracia, mucho más que una...