La inteligencia artificial (IA) encuentra un campo de aplicación casi natural en los sistemas que gestionan enormes volúmenes de datos y se apoyan en comportamientos repetitivos. En ese terreno, el gigantesco ecosistema de los pagos electrónicos se ha convertido en un espacio especialmente fértil para que esta tecnología se mueva como pez en el agua. Basta con observar la magnitud del mercado. Sin entrar siquiera en el volumen monetario que representan, las transacciones electrónicas en todo el mundo estaban estimadas por PwC en 1,8 billones para 2025 , con previsiones que apuntan a que en 2030 superarán los tres billones de operaciones anuales. Ese crecimiento acelerado ha convertido a la inteligencia artificial en una pieza clave para proteger la confianza, la eficiencia y la resiliencia de las redes de pago, elementos imprescindibles para el buen funcionamiento del comercio. Así lo señala Eduardo Prieto, director general de Visa en España, en declaraciones a ABC. En el caso español, explica, «el fraude digital tiene un impacto económico estimado de más de 350 millones de euros al año, lo que subraya la necesidad de contar con sistemas capaces de anticipar amenazas y operar con estabilidad a gran escala». Para dar respuesta a este desafío, Visa utiliza modelos de inteligencia artificial que analizan hasta 400 atributos por transacción en cuestión de milisegundos. Esta capacidad permite detectar y prevenir fraudes cada vez más sofisticados en tiempo real. Solo en 2023, estas herramientas ayudaron a evitar pérdidas por fraude por valor de 40.000 millones de dólares a nivel global, añade Prieto. Mantener ese nivel de protección exige, sin embargo, un esfuerzo sostenido en infraestructura tecnológica. En este sentido, Visa ha invertido cerca de 13.000 millones de dólares en los últimos cinco años en tecnología e infraestructuras, con un foco claro en inteligencia artificial, ciberseguridad y estabilidad de la red. Pero el impacto de la inteligencia artificial va más allá del caso concreto de una empresa. La tecnología está aportando beneficios estructurales al conjunto del ecosistema de pagos . Así lo destaca Luis Garvía, profesor de la Universidad Pontificia Comillas, quien subraya «que la capacidad de identificar patrones recurrentes permite a las empresas anticiparse al fraude y frenar operaciones antes de que se produzca el daño, además de facilitar pagos más rápidos y baratos gracias a una menor fricción operativa». Todo ello se traduce, añade, en una mejora directa de la experiencia del cliente, con procesos de autenticación más ágiles y seguros . Desde el punto de vista del sistema financiero, Garvía apunta a que la IA contribuye a «una mejor gestión de los riesgos, refuerza la estabilidad y permite una supervisión más precisa y continua de las operaciones». Esta lógica también se extiende a los proveedores tecnológicos especializados. En este ámbito, José Luis Nevado, CEO de Sipay, destaca que la inteligencia artificial no solo refuerza la protección del sistema, sino que permite decidir en tiempo real cómo enrutar una transacción y qué método de pago priorizar en función del perfil del cliente, entre otros beneficios. Sin embargo, no todo es avance sin fricciones. En el terreno de los retos, la adopción de la inteligencia artificial en el sector de los pagos sigue condicionada por una combinación de barreras tecnológicas, operativas y culturales . Garvía señala que, desde el punto de vista técnico, una inteligenica artificial solo puede ser eficaz si se apoya en datos de calidad, algo que todavía se ve lastrado por silos de información y sistemas legacy. A ello se suma la creciente exigencia de reforzar la ciberseguridad en un contexto en el que la propia IA también escala los ataques. En el plano operativo, este experto apunta a la dificultad de llevar estas soluciones más allá de las pruebas piloto, la dependencia de terceros –como proveedores cloud, vendors o modelos cerrados– y la incertidumbre sobre los costes y el retorno de la inversión. Junto a estos factores aún muy significativos, persisten además frenos culturales como el miedo a perder control, la escasez de talento híbrido y un enfoque regulatorio excesivamente defensivo. La evolución del sector de los pagos apunta ahora hacia una nueva fase marcada por el avance del denominado 'agentic commerce'. En este escenario, explica Nevado, los sistemas basados en inteligencia artificial ya no se limitan a analizar datos o formular recomendaciones, sino que son capaces de actuar de forma autónoma , ejecutando flujos completos como la autorización de pagos, el ajuste de reglas de riesgo o la gestión de cobros recurrentes. De este modo, la IA deja de ser un mero apoyo y pasa a integrarse como una capa operativa dentro del ecosistema de pagos, adaptando procesos y experiencias al comportamiento real del cliente. La implantación de estas soluciones ya se está produciendo en entornos reales. Para Julia Abarca, country manager de Coverflex en España, «el despliegue de la inteligencia artificial avanza con una presencia creciente en operaciones que funcionan en tiempo real. La tecnología, señala, ha dejado atrás la fase experimental y se ha consolidado como un elemento plenamente operativo». Este avance se está produciendo, además, bajo el paraguas de la regulación europea. Iniciativas como PSD2 o el futuro Reglamento de Inteligencia Artificial están aportando el marco necesario para proteger al consumidor y ofrecer seguridad jurídica a las empresas. En este contexto, añade Abarca, las organizaciones pueden pasar de los pilotos a la producción con mayor confianza. «La regulación cada vez es más exigente y hay que adaptarse a dicha normativa. A través de la inteligencia artificial se eficientan los procesos y se reducen los costes, además de mejorar las soluciones de onboarding y KYC, incrementando los ratios de conversión y mejorando la experiencia de los clientes», afirma Juan Guruceta, fundador y CEO de Divilo. Desde la óptica del consumidor, la IA se traduce en pagos más ágiles y seguros, especialmente en ámbitos como el comercio electrónico o los viajes, señala Prieto, desde Visa. La tecnología permite diferenciar con mayor precisión entre transacciones legítimas y fraudulentas y activar medidas de seguridad solo cuando resulta necesario, combinando protección y comodidad. En la misma línea, Abarca apunta a que una detección más precisa de comportamientos anómalos reduce los falsos positivos y evita bloqueos innecesarios, mientras que la personalización contribuye a simplificar la experiencia de uso. En el mapa europeo, «España ocupa una posición intermedia en el uso de inteligencia artificial aplicada a los pagos, con un margen claro de crecimiento y con rasgos propios que influyen de forma decisiva en su adopción», señala Nevado. El panorama es muy desigual , con países que han evolucionado a partir de esquemas y hábitos de pago muy distintos. En el caso español, destaca la diversidad del ecosistema. Conviven tarjetas, wallets, transferencias inmediatas, pagos físicos y digitales, junto a soluciones locales con una elevada adopción, como Bizum. Esta realidad obliga a gestionar múltiples lógicas operativas y expectativas de usuario de manera simultánea. Y ahí es donde la inteligencia artificial se vuelve estructural. Una herramienta necesaria para orquestar y escalar los pagos sin fricción, una presión que, según Nevado, no se da con la misma intensidad en mercados más homogéneos. Otro elemento diferencial es el peso del tejido de pequeñas y medianas empresas, especialmente relevante en España. En este entorno, la inteligencia artificial aplicada a los pagos está contribuyendo a cerrar una brecha histórica, al permitir que comercios de menor tamaño incorporen capacidades de análisis, automatización y optimización que hasta ahora estaban reservadas a grandes grupos. Esta bajada de la tecnología al terreno operativo coincide, además, con un marco regulatorio europeo todavía en evolución. Iniciativas como PSD2, DORA o el futuro Reglamento de Inteligencia Artificial están marcando el camino. Más allá de su desarrollo final, este contexto está empujando al sector a integrar la inteligencia artificial de forma responsable y sostenible, con el reto de trasladarla a la operativa real sin perder de vista la confianza y la estabilidad del sistema, concluye José Luis Nevado, CEO de Sipay.