Es la noticia recurrente de cada año por estas fechas. El colapso de los hospitales, como consecuencia del incremento de las patologías respiratorias, no es nada nuevo ni imprevisible y todos los organismos sanitarios lo saben. Desde hace décadas, cada mes de enero los titulares de prensa han hecho referencia, primero en Son Dureta, después en Son Llàtzer y luego en Son Espases, a la saturación por falta de camas, al hacinamiento de enfermos en los pasillos, ingresados en camillas, y a la falta de personal. Ha pasado el tiempo y todo sigue igual. Entiendo que la población ha crecido mucho, que los recursos son limitados y que la situación es estacional, pero precisamente por eso, es inconcebible que no se haya puesto en marcha un plan para hacerle frente, que no se hayan habilitado espacios para esos pacientes y que no se haya reforzado la plantilla, sabiendo de sobra lo que va a ocurrir. Esta falta de planificación, y todo lo que conlleva, es incomprensible, pero siempre es lo mismo, suspender intervenciones programadas y sentarse a esperar a qué pase.