Se acaba el año y empieza el 2026 con bastante sensación de pesimismo económico y social. No sé si dentro de unos años esto estará catalogado como dolencia psicológica o se tildará de ser facha, pero existir ahora mismo, en una parte de la sociedad, sí que creo que existe. Estamos en la era donde los políticos ya no nos venden bienestar para todos, sino que nos están introduciendo paulatinamente en una vida peor, con menor prosperidad económica y más decadente. En su momento lo llamaron crisis, luego recuperación, más tarde nueva normalidad y ahora transición ecológica o consolidación fiscal. Palabras que siempre envuelven una misma realidad: una factura a pagar por todos los ciudadanos para que una nueva clase, la política mezclada con la mediática, se haga rica. Tampoco es que sea solo una cuestión de dinero, es la sensación de vivir en un momento donde los políticos parecen haber renunciado a pensar y planificar algo mejor por y para su ciudadanía. Se legisla para seguir en ese poder que parece adictivo, mirando a la próxima encuesta, a ver si se puede tergiversar la realidad, a echarle la responsabilidad al otro, a sacar ventaja personal de lo público, parece que ya no se cuida al ciudadano y, lo que es peor, a una parte de la ciudadanía eso no parece importarle; mientras otra parte aparece desencantada en las conversaciones más cotidianas, esas que supuestamente no son de política, pero en realidad todo es política por cómo nos afecta a nuestra vida.