Adaptarse al clima extremo costará 1,2 billones al año: el gran desafío olvidado de la crisis climática

El cambio climático ya no es una amenaza futura, sino una realidad cotidiana. Olas de calor cada vez más largas, sequías persistentes, incendios forestales descontrolados e inundaciones más frecuentes están alterando la vida de miles de millones de personas. La capacidad de protegerse del calentamiento global sigue siendo la gran olvidada Sin embargo, mientras el debate político y mediático se centra casi exclusivamente en la reducción de emisiones, la adaptación —la capacidad de protegerse frente a los impactos inevitables del calentamiento global— sigue siendo la gran olvidada, según advierten muchas voces expertas. El coste de la desatención Un informe reciente de McKinsey Global Institute pone cifras a esta desatención. Según el estudio, el mundo gasta actualmente unos 190.000 millones de dólares al año en medidas para defenderse de fenómenos meteorológicos extremos. Una cantidad que, aunque elevada, los autores de la investigación consideran insuficiente frente a la magnitud del desafío. De hecho, si el planeta alcanza los 2 grados de calentamiento respecto a la era preindustrial —un escenario probable hacia 2050—, el coste anual necesario para garantizar niveles de protección similares a los de los países desarrollados ascendería hasta 1,2 billones de dólares. Una brecha que afecta a miles de millones El informe es claro al diagnosticar el problema: existe una enorme "brecha de resiliencia". Hoy, solo 1.200 millones de personas están protegidas de forma adecuada frente al calor extremo, las inundaciones, la sequía o los incendios. Otras 3.000 millones viven expuestas a estos riesgos sin medidas suficientes para reducirlos, según sus datos. "La humanidad dispone del conocimiento y de soluciones probadas para adaptarse, pero no las está aplicando a la escala necesaria", advierten los autores. El documento recuerda que la adaptación no es una idea nueva: desde los sistemas de riego de Mesopotamia hasta los diques holandeses o las técnicas de refrigeración pasiva en el antiguo Egipto, las sociedades llevan milenios ajustándose a su entorno. El problema es que el ritmo y la intensidad del cambio climático actual superan con creces la capacidad de respuesta improvisada. Y, además, la adaptación no se reparte de forma equitativa. El calor, el riesgo más extendido De todos los peligros analizados, el estrés térmico es el más extendido y el que más crecerá en las próximas décadas. Según el informe, a 2 grados de calentamiento, 2.200 millones de personas más estarán expuestas a calor extremo de forma recurrente. La respuesta más habitual —el aire acondicionado— ilustra bien la desigualdad global. Mientras que en Estados Unidos más del 90% de la población cuenta con climatización, en países como India apenas alcanza el 10%, y en Nigeria se queda en un 3%. No es casual que Lee Kuan Yew, fundador de Singapur, afirmara que "el aire acondicionado fue el invento más importante para nuestro desarrollo; cambió la naturaleza de la civilización en los trópicos". Más de la mitad del gasto global en adaptación se destina ya a combatir el calor, y aun así las mayores carencias se concentran precisamente en las regiones más pobres y cálidas...