Hablar de El Rincón de las Beatillas es hacerlo de una de las tabernas más antiguas y reconocibles de Córdoba, un lugar por el que, como suele decirse, «ha pasado toda la ciudad». Situada en el entramado histórico del casco antiguo, este establecimiento ha sabido conservar intacta su esencia a lo largo del tiempo, manteniendo una forma de entender la hostelería basada en el respeto al producto, la cocina tradicional y la hospitalidad cordobesa. Sus salas, patios y rincones conservan los elementos arquitectónicos y decorativos más representativos de la cultura andaluza: azulejos, fotografías, recuerdos ligados al flamenco, al toreo y a la vida cultural cordobesa. No es un restaurante al uso, es un espacio lleno de vida, cargado de historias y encuentros, donde lo más auténtico se percibe tanto en el ambiente como en los platos. La cocina del Rincón de las Beatillas es un fiel reflejo de la gastronomía tradicional cordobesa, esa que no entiende de modas. Aquí los guisos requieren tiempo, los puntos se respetan y las recetas se transmiten de generación en generación. Destacan su dominio en elaboraciones como la carne de monte , el rabo de toro, el cochinillo , el cordero, la japuta en adobo o las ancas de rana. A ello se suma una barra y una carta donde conviven el tapeo clásico y los platos contundentes, ideales tanto para una comida pausada como para compartir raciones entre amigos. La experiencia en Beatillas suele comenzar con algunos de sus clásicos imprescindibles. Los boquerones en vinagre , frescos y bien equilibrados, son una de las opciones más repetidas, al igual que los boquerones fritos, crujientes y sin exceso de grasa. En temporada, el gazpacho con guarnición es otro de los platos que nunca falla, reconocido por muchos habituales como uno de los mejores de la ciudad. Otros entrantes que definen bien su cocina son el salpicón de marisco , las huevas fritas con mahonesa, la japuta en adobo o unas alcachofas a la montillana , perfectas para compartir. Entre los primeros platos, destacan elaboraciones de cuchara y revueltos que conectan directamente con la cocina de siempre: sopa de ajo a la antigua , puchero, revuelto de habas, revuelto Beatillas o el revuelto de bacalao . Platos sencillos en apariencia, pero donde el punto y la materia prima marcan la diferencia. También tienen un peso importante las frituras y pescados, como el pulpo a la gallega, las gambas al ajillo, el bacalao frito o una fritura de pescado para compartir, muy demandada. Si hay algo que ha dado fama al Rincón de las Beatillas son sus platos principales. El rabo de toro estofado es una de las referencias absolutas de la casa, al igual que el cochinillo asado, el codillo de cerdo , la presa ibérica de Los Pedroches o las distintas propuestas de cordero lechal. La carne de monte ocupa un lugar destacado con platos como el jabalí serrano , el venado en salsa de espárragos o el lomo de ciervo, recetas profundas y sabrosas que conectan con el entorno y la tradición cinegética de la provincia. El cierre perfecto llega con una selección de postres caseros que mantienen la misma línea clásica: flan de huevo, natillas, arroz con leche y canela, tocino de cielo, pastel cordobés o la tarta de la casa. Dulces clásicos pensados para poner un broche de oro a una comida de las de antes. La trascendencia de El Rincón de las Beatillas trasciende la mera gastronomía para convertirse en símbolo cultural de Córdoba , uno de esos lugares que habitan en la memoria colectiva de la ciudad, ya que entre sus paredes han pasado artistas, literatos y personajes emblemáticos. Una Córdoba que, entre otros, vivió y respiró Federico García Lorca . El poeta granadino, cuya obra se nutre tanto de la tradición andaluza como de la universalidad del arte, fue una de las personalidades que hizo de las tabernas cordobesas unos espacios de tertulia, creación y encuentro . Beatillas, con sus salas, patios y rincones impregnados de historia, arte y conversaciones, conserva ese espíritu de la primera mitad del Siglo XX, ya que es un lugar donde la cocina tradicional y la cultura popular se dan la mano, y nos recuerdan que la gastronomía también ha formado parte de la vida literaria y social de la ciudad.