Cuando el presidente de la Asamblea Nacional venezolana, Jorge Rodríguez, anunció que iban a liberar a "un número importante de personas venezolanas y extranjeras", es decir, a presos políticos, le pregunté a Néstor si por fin le iba a tocar a Marco y a Alby. Me dijo que creía que sí, pero en ese momento todo eran rumores. Me fui a dormir -hay una diferencia de seis horas con Caracas- con la información de los cinco primeros españoles liberados y con la esperanza de que me iba a levantar con noticias sobre el resto, aún sin saber a cuántos iban a ser excarcelados ni en qué condiciones.