El realismo político y la ley del más fuerte marcan la nueva era de la geopolítica

El panorama geopolítico, con la figura de Donald Trump como catalizador, parece abocado a 'la ley del más fuerte'. En 'Herrera en COPE', el filósofo Diego Garrocho ha analizado esta tendencia, que lejos de ser una estrategia original, representa una de las formas más antiguas de ejercer el poder. La conversación ha servido para profundizar en doctrinas como el realismo político y para entender qué novedades presentan los tiempos actuales. Diego Garrocho ha explicado que el realismo político reduce la política a una mera cuestión de intereses y poder, despreciando los valores y las adherencias morales. Según el filósofo, esta corriente fue inaugurada por Maquiavelo en su célebre obra 'El Príncipe'. El pensador florentino introdujo el concepto de la 'verdad efectual', que prioriza los hechos desnudos y relega la moral a un segundo plano en el análisis político. Aunque se parezcan, la ley del más fuerte no es exactamente igual que el realismo político. Para encontrar sus orígenes, Garrocho se remonta a la Antigua Grecia con Tucídides, quien en su 'Historia de la guerra del Peloponeso' acuñó una frase que resume esta visión: "Los poderosos hacen lo que pueden y los débiles sufren lo que deben". Esta idea refleja una tensión histórica en el pensamiento. Poco después de Tucídides, fue Platón quien inauguró la gran tradición de pensamiento político que impugna esa ley, situando la justicia en el centro del debate. Sin embargo, como recordó Garrocho citando a Hobbes, la justicia también requiere de la fuerza para ser efectiva. La frase del autor de 'Leviatán' es contundente: "Los pactos sin espada son solo palabras", lo que subraya que la legitimidad necesita del poder para imponerse. Ante la idea de que se está terminando un 'mundo basado en reglas', repetida a menudo por las autoridades europeas, Garrocho plantea una reflexión crítica. El orden mundial surgido tras la Segunda Guerra Mundial se fundamentó también sobre la fuerza. Hechos como el uso de las bombas atómicas sobre Japón o la estructura del Consejo de Seguridad de la ONU, donde el poder de veto recae en las potencias nucleares de la época, demuestran que la fuerza siempre ha operado de alguna manera. Entonces, ¿cuál es la novedad que aporta la era Trump y que genera tanto desconcierto? Según el filósofo, no es el uso de la fuerza, sino su ejercicio descarnado y sin una coartada moral. A lo largo de la segunda mitad del siglo XX y principios del XXI, Estados Unidos siempre buscó fabular una 'coartada justa' para sus intervenciones exteriores en países como Vietnam, Irak, Libia o Afganistán, a menudo bajo la bandera de la lucha contra el comunismo. La gran diferencia con Donald Trump es que "ya se atreve a hablar de manera impúdica de sus intereses estratégicos y económicos", sin buscar el respeto a las viejas reglas ni hacer concesiones a la moral. Se ha caído el velo del pudor, dando paso a una sinceridad brutal. En este sentido, Bustos y Garrocho concluyeron recordando que la hipocresía es "un guiño que hace el vicio a la virtud", y que la ausencia de esa dramaturgia en las relaciones internacionales puede conducir a un escenario de conflicto constante.