Las cifras de siniestralidad vial en España han vuelto a marcar una tendencia a la baja durante 2025, con 1119 personas fallecidas en las carreteras. Este dato convierte el pasado ejercicio en el segundo con menos muertes desde que existen registros, si se excluyen los años de la pandemia. En la Comunidad Valenciana, la cifra también ha descendido, con 94 fallecidos, 16 menos que el año anterior. Sin embargo, los expertos advierten de que no hay lugar para la complacencia. Nacho Lijarcio, presidente de la Fundación para la Seguridad Vial (FESVIAL), subraya que, más allá de la preocupación, es momento de actuar: "el ciudadano diría, me preocupa, y a nosotros quitamos el pre de preocupa y nos ocupa". Además, insiste en que las cifras actuales son provisionales, ya que corresponden a los fallecidos en las primeras 24 horas y no incluyen los siniestros en ámbito urbano. Uno de los datos más alarmantes es que uno de cada cuatro fallecidos en turismos o furgonetas no utilizaba el cinturón de seguridad. Lijarcio califica de "absurda" esta realidad y denuncia la picaresca de algunos conductores. "Hay gente que compra pinzas específicas para anclar en el dispositivo del cinturón, para limitar el sonido y no ponerse el cinturón", explica, y añade que con esta actitud "te juegas tu vida totalmente, y en otras cuestiones, con la vida de los demás". El 40 % de las víctimas mortales se concentra en los colectivos más vulnerables, con los motoristas como los más perjudicados. El presidente de FESVIAL identifica dos perfiles de riesgo: conductores que obtuvieron el permiso para motos de 125cc por tener el carnet de coche ("conducir una motocicleta no es lo mismo que conducir un vehículo") y varones de entre 45 y 50 años que se inician en las dos ruedas sin ser conscientes del peligro. Lijarcio defiende que la seguridad vial requiere una "visión 360" y es un "compromiso de todos". Subraya que no se puede dejar toda la responsabilidad en manos de las administraciones. "Si lo dejamos todo en manos del ministerio, del gobierno y de la DGT, no llegamos", afirma. Considera esencial la implicación de empresas, centros educativos y la ciudadanía para modificar las conductas de la población "resistente al cambio".