En Villamediana de Iregua la Navidad dura un poquito más. Mientras en la mayoría de ciudades y pueblos españoles las luces se apagan el 6 de enero, cuando los Reyes Magos ya han repartido sus regalos, los villametrenses mantienen la iluminación y los adornos hasta el 17 de enero. Este día coincide con la celebración de San Antón, patrón de los animales, y marca el cierre oficial de las fiestas. La estrella que corona el cerro de San Cristóbal se convierte en un auténtico faro que guía a quienes circulan por las carreteras cercanas. Sus luces brillan cada noche, recordando que la Navidad en Villamediana no termina con la llegada de los Reyes Magos, sino que se extiende para vivir un tiempo más pausado, familiar y comunitario. La decisión de prolongar la Navidad no es solo estética, sino también litúrgica. En la Iglesia católica, la Navidad se celebra oficialmente hasta el 2 de febrero, día de la Presentación del Señor y de la Virgen de la Candelaria, cuando se retiran los adornos navideños en lugares como El Vaticano. Esta tradición recibió un impulso especial durante el pontificado de Juan Pablo II. En 1997, elevó la celebración mariana a consideración mundial en esta época, vinculándola con los primeros momentos de la vida de Jesús y su incorporación al pueblo judío. Así, los fieles pueden vivir la historia navideña completa, desde el nacimiento hasta la presentación en el templo. El cierre de la Navidad en Villamediana se celebra con las tradicionales márcharas la noche anterior a San Antón. Las cuadrillas se reúnen alrededor de hogueras, asan carne, comparten los dulces sobrantes de las fiestas y disfrutan de la compañía del vecindario. Es un momento que combina tradición, calor humano y gastronomía local, y que simboliza el paso de la Navidad al nuevo año. Este tipo de celebraciones no solo refuerzan la identidad cultural del municipio, sino que también generan un impacto social positivo, vecinos de todas las edades participan activamente, fortaleciendo los lazos comunitarios y manteniendo viva una tradición que, en otras partes de España, ya se ha apagado. Mantener las luces y adornos más allá del 6 de enero tiene además un efecto psicológico y emocional. La prolongación de la Navidad permite disfrutar de momentos de encuentro y reflexión, prolongando la alegría y la sensación de bienestar que acompañan a estas fechas. Así, Villamediana se convierte en un ejemplo de cómo la tradición puede adaptarse a la vida moderna sin perder su esencia. La experiencia de Villamediana de Iregua demuestra que la Navidad no es solo una fecha en el calendario, sino un tiempo para compartir, recordar y celebrar. Desde la estrella en el cerro hasta las márcharas, cada detalle tiene un significado que va más allá de lo visual: es una forma de vivir la comunidad, la historia y la fe de manera tangible y cercana.