Las aguas cercanas a Canarias se han convertido en un foco de preocupación por el tránsito habitual de la llamada flota fantasma y los barcos zombie. Dos sucesos recientes han disparado las alarmas: el paso de un buque ruso con carga radiactiva frente a Fuerteventura y Lanzarote el pasado 5 de enero y la incautación de un carguero con 7.000 kilos de cocaína. Sobre esta problemática ha hablado Rafael Muñoz, doctor en marina civil, en el programa 'Herrera en COPE Canarias'. Según explica el experto, la flota fantasma, o dark fleet, es una "criatura marítima" que se aprovecha de las "lagunas del derecho marítimo internacional" para que un estado sujeto a sanciones pueda esquivarlas. Esto se logra controlando flotas a través de empresas pantalla, reabanderando buques en terceros estados y operándolos de forma opaca para seguir exportando, por ejemplo, petróleo y gas rusos tras la invasión de Ucrania. Un ejemplo claro es el petrolero Agate, con bandera de Banuatu y sancionado por el Reino Unido y la UE. Este buque, considerado un "dark flip duro", lleva más de 22 días parado al sur de Tenerife, en aguas de la zona económica exclusiva española. Transporta gasolina rusa y, según Muñoz, su capitán podría haber recibido la orden de detenerse ante el temor a ser apresado. El mayor riesgo de estos buques es el medioambiental. Rafael Muñoz advierte de que "un petrolero dark flip es una bomba de relojería medioambiental en su peor acepción". En caso de accidente, sería casi imposible localizar al propietario para exigir responsabilidades. "Hay una máxima en derecho, que es quien contamina, paga, pero para eso primero hay que encontrar al dueño del buque", aclara. En paralelo, operan los barcos zombie, auténticas "chatarras flotantes" utilizadas por las redes de narcotráfico. Recientemente, una operación conjunta de la Armada y el GEO de la Policía Nacional interceptó un carguero de este tipo con 7.000 kilos de cocaína, uno de los mayores alijos de los últimos años. El buque, con una supuesta y "falsa" bandera de Camerún, tiene 50 años y un historial de irregularidades. Estos buques son definidos por Muñoz como los "barcos del borde exterior". "Son barcos que ya, administrativamente, no existen, que están fuera de del circuito de navegación", señala. Su bajo coste, inferior al de un apartamento, los convierte en una herramienta desechable para los cárteles de la droga, que los adquieren de forma anónima para transportar su mercancía. La proliferación de estas flotas se ampara en un marco legal permisivo. El 90% del océano son aguas internacionales, donde prima la libre navegación. Aunque los países ribereños tienen una zona económica exclusiva de hasta 200 millas con jurisdicción medioambiental, el derecho marítimo internacional "es poco y está pensado para favorecer siempre a los armadores", según el experto. Estos barcos zombie saben dónde se mueven y evitan puertos con controles estrictos, como los de la Unión Europea, donde serían retenidos de inmediato por su larga lista de deficiencias. Operan en zonas con menor vigilancia, como África Occidental o el arco centroamericano, donde trasladan la carga a embarcaciones menores para completar la entrega.