Seguro que alguna vez te has preguntado por qué detectamos antes un olor fétido que una fragancia agradable. La respuesta, según explica el divulgador científico Alfred López, reside en nuestra programación evolutiva para la supervivencia. Nuestro sistema olfativo ha evolucionado para actuar como un centinela, reaccionando de forma casi instantánea ante posibles amenazas que puedan comprometer nuestra seguridad. Este mecanismo ancestral es la clave para entender por qué ciertos aromas captan nuestra atención de manera tan inmediata y contundente. Los olores desagradables suelen estar directamente asociados a riesgos biológicos, como pueden ser los alimentos en descomposición, la presencia de enfermedades, la contaminación o incluso el fuego. Alfred López, autor de la popular saga de libros de curiosidades 'Ya está el listo que todo lo sabe', subraya que "detectamos antes el olor fétido que una fragancia agradable porque nuestro sistema olfativo está programado evolutivamente para la supervivencia". Esta especialización implica que nuestro cerebro ha desarrollado una sensibilidad mucho mayor hacia estos olores como método de protección y aviso temprano ante un riesgo. Cuando percibimos un mal olor, "se activan áreas cerebrales vinculadas a la emoción, la memoria y la alerta", detalla el experto. Esta activación desencadena una respuesta rápida e instintiva de rechazo o protección. Por el contrario, los aromas agradables, al no representar un peligro inminente, son procesados por el cerebro "con menos urgencia". De hecho, solemos acostumbrarnos a ellos con rapidez, hasta el punto de dejar de percibirlos pasados unos minutos, mientras que los olores fétidos "tienden a mantenerse más presentes para que no bajemos la guardia", concluye López. Más allá de los misterios del olfato, Alfred López también se adentra en el origen etimológico de palabras que usamos a diario. Un ejemplo es 'melancolía', un término que proviene del griego antiguo melancholia, que significa literalmente 'bilis negra' (melas era negro y khole era bilis). Según explica, en la Antigua Grecia, la 'teoría de los cuatro humores' sostenía que el cuerpo estaba regido por la sangre, la flema, la bilis amarilla y la bilis negra. "Un exceso de esta última se asociaba con un estado emocional sombrío de tristeza o aflicción, por lo que dio origen al concepto de melancolía como estado anímico", aclara López, quien ha dedicado varios de sus libros a estas cuestiones. Esta teoría, impulsada por figuras como Hipócrates y Galeno, perduró durante muchísimos siglos, influyendo en la medicina medieval y renacentista. No fue hasta la llegada de la medicina moderna que este concepto fue reemplazado, aunque la palabra 'melancolía' sigue viva en nuestro lenguaje como un sinónimo poético de tristeza profunda. Del mismo modo, López explora expresiones como 'sin trampa ni cartón', utilizada para indicar que algo es honesto y transparente. Aunque existen varias teorías sobre su origen, "la más aceptada la sitúa en el mundo de los naipes y los juegos de azar", donde los tahúres hacían trampas marcando las cartas. En este contexto, la 'trampa' era el engaño y el 'cartón' el material para alterar los naipes. López señala que otras hipótesis apuntan al mundo del teatro, con sus trampillas y decorados de cartón, e incluso a la caza furtiva o la magia callejera, aunque la versión de los juegos de cartas "es la más sólida y extendida entre los historiadores y etimólogos". Actualmente, Alfred López se encuentra trabajando en un nuevo libro junto a su pareja, la novelista Eva, que verá la luz previsiblemente para Sant Jordi de 2025. El proyecto, publicado bajo su sello editorial Aleva Ediciones, fusionará la divulgación de curiosidades con el universo de la novela negra. Según el autor, el libro explorará "términos, expresiones que una persona se puede encontrar, ya no solo en la novela, sino en series, en películas, en el día a día, que se utilizan dentro y que están relacionados con la criminología".