La Navidad, una época de celebraciones, puede dejar una secuela económica conocida como la cuesta de enero. Según la terapeuta María Eugenia Parejo, los gastos excesivos durante estas fechas no responden a un simple capricho, sino a una razón más profunda: el miedo. "Muchas veces no gastamos por capricho, sino por miedo a no ser suficientes, a no estar a la altura", explica Parejo. El problema, señala la terapeuta, es que vivimos en una sociedad hipermaterialista que ha olvidado los valores que realmente aportan felicidad. Generalmente, no somos conscientes de las dinámicas emocionales que nos impulsan a comprar. La clave está en la palabra necesidad, y en preguntarse qué buscamos demostrar o conseguir con cada regalo o compra que realizamos. Esta falta de conciencia se ve agravada por estímulos externos que activan nuestros sistemas neurológicos y nos hacen perder la noción de la realidad. "Se nos activa toda esa dopamina [...] y se nos crean todas estas necesidades que realmente no son necesarias", detalla la experta. Cuando las fiestas terminan, llega el choque con la realidad en forma de facturas y deudas, lo que genera una angustia real. Para afrontar esta situación a nivel mental, Parejo recomienda ser realistas y asumir los gastos ya hechos. Para combatir la ansiedad, propone ejercicios de respiración para "bajar al cuerpo", pero advierte que el siguiente paso es la acción. El consejo más importante es evitar las rebajas de enero, que define como una trampa. Según la experta, caer en las rebajas es un error, ya que "es una trampa, hay mucha mentira detrás de ello". El enfoque correcto no es mirar qué está rebajado por si se necesita, sino al contrario: identificar primero la necesidad real. En este sentido, describe como un proceso muy inteligente la práctica de "ahorrar para las rebajas" con un objetivo de compra ya definido, como puede ser un colchón nuevo. El mensaje final de Parejo es prepararse para el futuro, no solo para las próximas navidades, sino para todo el año. La clave es entender qué nos hace felices, ya que "estamos en una cultura que confunde felicidad con el consumo". La propuesta es "conectar profundamente con nuestra necesidad verdadera", que se traduce en cultivar vínculos verdaderos y dedicar tiempo de calidad a las relaciones y a uno mismo, algo para lo que, concluye, "no se necesita dinero".