Lo que para muchos ciudadanos es una presencia cotidiana —y a veces molesta— en los tejados y contenedores, para la ciencia es un fenómeno biológico fascinante. Alejandro Martínez, profesor de la Universidad de A Coruña e investigador, ha coordinado un estudio multidisciplinar (en colaboración con el Museo de Historia Natural de Ferrol y la consultora Arcea) que explica el cambio radical en el comportamiento de la gaviota patiamarilla (Larus michahellis). Según explica Martínez, la fauna silvestre ha vivido durante siglos recluida en "refugios" (como acantilados o islas remotas) no por elección, sino por la persecución humana. En el pasado, la recogida sistemática de huevos para la subsistencia obligaba a las gaviotas a anidar en los lugares más inaccesibles. "Estaban en las Islas Cíes o en las Sisargas porque no tenían más remedio; es un medio muy inhóspito y duro", señala el investigador. Con el abandono del rural y una mayor conciencia de conservación, las gaviotas han iniciado lo que Martínez denomina la "salida del refugio", perdiendo el miedo al ser humano y regresando a zonas donde antes eran perseguidas. Ciudades: "islas de calor" con buffet libre El cierre de los vertederos incontrolados ha provocado una caída drástica en la población global de gaviotas, que ahora presentan peores condiciones físicas. Sin embargo, mientras las colonias en los antiguos refugios naturales se vacían, las poblaciones urbanas crecen. Las ciudades ofrecen ventajas imbatibles para ellas: Menor hostilidad: Son medios mucho menos agresivos que un acantilado marino. Alimento accesible: Su cercanía a los puertos les permite aprovechar los descartes pesqueros y los residuos urbanos. Microclima: Las urbes actúan como islas de calor, facilitando su supervivencia y el éxito reproductor de los pollos. De "peste" a motor de biodiversidad Frente a la imagen negativa que suele tener esta ave, el estudio aporta un dato revelador: las gaviotas actúan como "núcleos de biodiversidad". Allá donde se asienta una nueva colonia de gaviotas, suelen generarse colonias multiespecíficas de otras aves acuáticas y marinas que se benefician de su presencia. En definitiva, la gaviota patiamarilla ha pasado de ser una especie perseguida a un vecino más de nuestras ciudades, demostrando una capacidad de adaptación que, según Martínez, es común a muchas otras especies silvestres que están encontrando en el asfalto un refugio más cómodo que la propia naturaleza salvaje.