En las últimas semanas, el nombre de Estados Unidos ha resonado con fuerza en todos los informativos del mundo, y, la verdad, con razón. El presidente del país, Donald Trump, realizó con éxito una operación militar estratégica que consistía en la captura de Nicolás Maduro, dictador en Venezuela. Más allá de las opiniones que se puedan tener sobre este tema, y de las veces que se quiera sacar a relucir el archiconocido “derecho internacional”, Trump ha estado en boca de todos por sus detallados discursos acerca de la operación. Una vez más, lo que realmente quería explicar es que América “va primero”. Y ese sentimiento tan patriota no es patrimonio exclusivo de Trump, sus votantes y los republicanos, sino que se extiende a todo el país. Puede que tenga que ver, entre otras razones, con que es un país que nació no hace tantos años. Tanto si estudiamos en España como si lo hacemos en otro lugar del mundo, todos aprendemos acerca de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos y también de las Trece Colonias. Y es que sí, es un episodio histórico relevante en la Historia Contemporánea, pero también ha habido un esfuerzo ímprobo por parte de Estados Unidos de que sus proezas se sepan. Un esfuerzo, también, que se ha hecho por borrar la huella española en el país, porque aunque Estados Unidos hiciese mucho por su independencia, nunca habría conseguido ser un país si no hubiera sido gracias a la ayuda inestimable de España. Aunque luego nos pagaran con una guerra ficticia provocando la pérdida de las últimas provincias de ultramar. Las Trece Colonias y España, a priori, puede que parezca que no tenían nada en común. Si bien los territorios en los hoy Estados Unidos estaban tratando de liberarse de su metrópoli, España, por el contrario, era un Imperio consolidado que también contaba con provincias en América. Pese a las diferencias que se les pueda presuponer, las Trece Colonias y España tenían algo en común: un enemigo. Por supuesto, no era otro que Inglaterra y, aupados por esta razón, los españoles decidieron prestar ayuda a las colonias insurrectas. Lo hicieron a través de financiación y de armas y, cuando fue necesario, prestando también efectivos. Una vez conseguida la tan deseada independencia, Estados Unidos agradeció la ayuda española y, a día de hoy, incluso hay un cuadro en el Capitolio del país de Bernando de Gálvez, quien ayudó en esta gesta, y a quien también nombraron hijo predilecto. Pese a esas loas a los españoles, Estados Unidos ha querido ocultar otros héroes de nuestro país que formaron parte de la historia americana y que, auspiciados por la Leyenda Negra, han decidido borrar. Que Estados Unidos tiene una profunda impronta española es una realidad, y se puede observar prestando atención a la toponimia del país. Lugares como Florida y sus múltiples ciudades de terminología española, o California, dan buena cuenta de la presencia española en el país. Y es que gran parte del sur de Estados Unidos tiene mucha herencia española. Esto es, entre otras cosas, porque fueron los conquistadores españoles los que descubrieron ese territorio y lo desarrollaron. Sin embargo, no se conocen con exactitud muchos de los nombres españoles que hicieron grandes obras en pro de un país recién creado. Es el caso de Hernando de Soto, un ilustre extremeño que hizo campaña en el sur de Estados Unidos y fue, por cierto, de los primeros conquistadores europeos en adentrarse en esa parte del país. Habiendo sido exitosas sus campañas en América del Sur, especialmente en Perú, a De Soto se le encomendó la misión de seguir explorando América, colonizando y pacificando ciertos territorios, y, en lo personal, tenía la intención de encontrar territorios que se asemejasen al bello Cuzco. A De Soto se le atribuye la conquista de las “tres Américas”, pasando por Sudamérica, Centroamérica y Norteamérica. Ahí, en Estados Unidos, tuvo una gran preeminencia, conquistando prácticamente todo el Sureste del país. Probablemente no habías leído su nombre en los libros de Historia, porque apenas se ha hablado de un hombre que dio estabilidad a parte del país y ayudó a su fundación. Su huella sigue patente en parte de los estados del sur, especialmente en Misisipi, donde murió y donde existe incluso el Condado DeSoto, Florida, que tiene un condado con el mismo nombre, Alabama y Georgia. Su legado se puede ver en parques de estos estados, calles y otros lugares públicos. Mientras, en España no escucharás una palabra sobre su nombre ni sobre cómo un humilde extremeño hizo de un territorio el país que hoy predica Trump.