La vocación de servicio de Alejandro Vallaure, maestre de la Cofradía del Santo Sepulcro de Gijón y voluntario de Cáritas, le llevó a inscribirse en una aventura única. A finales de 2024, a través de un anuncio en Vatican News, no dudó en apuntarse como voluntario para el Año Jubilar de 2025 en Roma, una experiencia que culminaría meses después de una forma que jamás habría imaginado. Durante su estancia en el Vaticano, su función principal consistió en ayudar en la organización y acompañamiento de los grupos de peregrinos en las distintas puertas santas. Para Vallaure, fue un "privilegio" haber compartido esta labor con "muchísima gente de todo el mundo", alojándose en centros dispuestos por el Vaticano en una vivencia que califica como "una auténtica maravilla". La conexión con el Jubileo no terminó ahí. En una visita posterior a Roma junto a su mujer, recibió una noticia inesperada en la sede de los voluntarios: el Papa iba a celebrar una audiencia especial con los voluntarios del Jubileo el 10 de enero. Tras solicitar poder acudir con su esposa y recibir la confirmación, no dudaron en coger los billetes de avión para asistir a un evento al que solo se podía acceder por invitación. El día del evento, Vallaure y su mujer se situaron en una zona estratégica por donde sabían que pasaría el Papa para saludar personalmente. Tras el saludo a las autoridades, entre las que se encontraba la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, el pontífice se acercó a los voluntarios. "Yo le cogí la mano al papa y le dije que nos íbamos a ver en el mes de junio en España", relata Vallaure. El momento fue tan intenso que, según sus palabras, fue "espectacular". Vallaure, católico practicante, se declara "encantado" con el actual pontífice, a quien considera una bendición para la Iglesia. Describe a León XIV como alguien "muy cercano", pero que al mismo tiempo mantiene la solemnidad del cargo. "Es muy formal, muy sosegado, como si estuviera todo medido, pausado, estudiado", explica, un estilo que le agrada especialmente por su esfuerzo en "mantener las costumbres y el protocolo de la Iglesia". Más allá de la emoción personal, Vallaure destaca un hecho que le llenó de esperanza: la gran cantidad de gente joven que participa en estos actos, especialmente españoles. Esta observación le lleva a pensar que "en Asturias estamos un poco rezagados en ese espíritu de fervor católico" que percibe en el resto de España. Agradecido por la oportunidad, concluye que la experiencia global ha sido simplemente "espectacular y maravillosa".