César Lumbreras, director de Agropopular sobre MERCOSUR: "La factura de todos los acuerdos comerciales que firma la Unión Europea, la termina pagando el sector agrario"

Tras más de dos décadas de negociaciones, la Unión Europea (UE) y los países del Mercosur (Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay) han cerrado un acuerdo comercial calificado de histórico. El pacto, impulsado por países como España, dará vida a una de las mayores zonas de libre comercio del mundo, con un mercado de 780 millones de consumidores y un peso cercano al 25% del PIB mundial. Sin embargo, mientras desde Bruselas se celebra la oportunidad, en el campo europeo el optimismo se transforma en protestas. En países como Francia, Polonia, Irlanda, Grecia y también en España, miles de agricultores y ganaderos han salido a las calles. El principal temor es la imposibilidad de competir con productos importados a un coste muy inferior y producidos bajo estándares de calidad y medioambientales diferentes a los exigidos en la UE. "Si generas un kilo de carne de calidad, está sobre hoy 50, y lo estaremos pagando sobre 50. ¿Qué es lo que nos compensa seguir produciendo? Una, los que estamos en el campo, en la tierra, y la pasión que tenemos por esto", lamenta uno de los ganaderos afectados en las recientes manifestaciones en Galicia. El Mercosur, o Mercado Común del Sur, es un bloque económico y comercial de América del Sur que nació en 1991 con el objetivo de facilitar el comercio entre sus miembros. Actualmente está formado por cuatro países, Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay, que en conjunto suman 260 millones de consumidores. Su principal función es reducir aranceles, eliminar barreras comerciales y negociar de forma conjunta con otros grandes mercados, como ha sido el caso con la Unión Europea. Aunque a menudo se le compara con la UE, el nivel de integración es muy diferente. El Mercosur es fundamentalmente una unión económica y no comparte elementos clave del proyecto europeo, como una moneda común o la libre circulación total de personas. Para la Unión Europea, su relevancia es estratégica, ya que es uno de los grandes productores mundiales de alimentos y, a la vez, un mercado de enorme potencial para los productos europeos. El punto fundamental del acuerdo es la eliminación de más del 90% de los aranceles de forma progresiva en un plazo de hasta 15 años. Según las previsiones, esto supondrá un ahorro de unos 4.000 millones de euros anuales en derechos de importación para las empresas europeas y podría aumentar el comercio bilateral cerca de un 40%. El texto también contempla la creación de mecanismos de salvaguardia para proteger a los sectores más sensibles, especialmente los agrícolas. Otra de las claves es el teórico mantenimiento de los estándares europeos. El acuerdo establece que todo producto importado de Mercosur deberá cumplir las normas sanitarias, de seguridad alimentaria y de trazabilidad vigentes en la UE. Más allá del comercio, el pacto tiene una clara lectura geopolítica: en un contexto de alta competencia global, Europa busca diversificar sus alianzas y reforzar sus lazos con América Latina. A pesar de que el acuerdo puede ser positivo desde un punto de vista político y geoestratégico, los expertos advierten de una consecuencia recurrente en los tratados comerciales de la UE. "La factura de todos los acuerdos comerciales que firma la Unión Europea, incluido el de Mercosur, la termina pagando el sector agrario", afirma César Lumbreras, director de Agropopular. El motivo es que los socios comerciales suelen ser países en vías de desarrollo cuya principal oferta exportadora son los productos agrícolas. En este caso, la amenaza es mayúscula, ya que Brasil es, junto a Estados Unidos, una de las dos grandes potencias agroalimentarias del mundo. Los sectores que se verán más perjudicados son el ganadero, con la carne de vacuno y de ave, y múltiples sectores agrícolas. La lista de producciones en riesgo incluye los cereales (maíz), las oleaginosas (soja), los cítricos, la miel, el arroz y el plátano. Por otro lado, se esperan ventajas teóricas para el vino, los alcoholes y el aceite de oliva, aunque están por ver.