El otro día, por motivos que no vienen al caso, descubrí que hay compañías aéreas que cobran por los auriculares, esos viejos de cable, un poco a lo Renfe, que te hacen falta para no darte cuenta de que viajas emparedado entre dos asientos diseñados por un faquir jubilado a causa de una hernia discal. Yo creo que no tenemos utopías por decisiones como esa: todo va siendo cada vez más estrecho, más incómodo, más cutre; no tenemos utopías porque por la rentabilidad se sacrifica todo, también la vergüenza, y así, desengaño a desengaño, céntimo a céntimo, la imagen del futuro ha terminado por ser no la de un coche volador o un robot que hace las tareas del día... Ver Más