La homosexualidad no es exclusiva del ser humano. La practican numerosas especies animales, desde los pingüinos y los salmones a los osos y los búhos, y es muy habitual entre el resto de primates, incluidos los grandes simios, nuestros parientes más cercanos: bonobos, chimpancés, orangutanes o gorilas de montaña. La razón ha sido muy debatida entre los investigadores, ya que, al no contribuir directamente a la reproducción, esta conducta supone un enigma evolutivo en la naturaleza. Estudios previos la han atribuido a un 'accidente' ocasional o un producto de la falta de parejas sexuales. Sin embargo, una nueva investigación del Imperial College de Londres considera que su emergencia es mucho más compleja y depende de una variedad de factores ecológicos y sociales. Tras analizar casi 500 especies de primates, el equipo ha encontrado que la sexualidad entre individuos del mismo sexo es más común en especies que cumplen uno o varios de estos condicionantes: viven en ambientes hostiles, con acceso limitado a los alimentos (el caso de los macacos de Gibraltar) o alto riesgo de depredación (monos verdes); tienen más dimorfismo sexual (diferencias en el tamaño o apariencia entre machos y hembras, como ocurre con los gorilas de montaña); son longevas (chimpancés) o tienen sistemas sociales y jerarquías complejas (babuinos). Los hallazgos, publicados en 'Nature Ecology & Evolution', encontraron evidencias de comportamiento sexual gay en 59 de las especies analizadas. En 23 de ellas el comportamiento se repetía. Los resultados sugieren que no se trata de un hecho simple o directamente adaptativo, sino que emerge de interacciones complejas dependientes del contexto. Es decir, los factores ambientales influyen. «Esta conducta es particularmente frecuente en los macacos rhesus, los macacos japoneses, los monos ardilla comunes y los monos chatos dorados, todos los cuales viven en grupos sociales más complejos», afirma a este periódico Chloë Coxshall, autora principal de la investigación. «Estudios previos han demostrado una relación entre la conducta homosexual y la heredabilidad, y nuestro estudio describe las influencias ambientales y sociales, además de demostrar que tiene una señal filogenética en primates no humanos. Dados ambos resultados, es probable que una combinación de factores genéticos y ambientales influya en su expresión», añade. Según los investigadores, los primates viven en grupos sociales complejos, lo que puede ser estresante, y el sexo homosexual pueden servir para reducir tensiones, fortalecer lazos sociales y mejorar la cooperación y la cohesión social dentro del grupo. En este trabajo, los investigadores no diferenciaron entre homosexualidad masculina y femenina. Sin embargo, curiosamente, encontraron que los ambientes más fríos, secos y sombreados predecían una mayor prevalencia de machos manteniendo relaciones entre ellos, mientras que no se observaron asociaciones significativas para las hembras. Coxshall reconoce que los resultados se vieron limitados por el tamaño de la muestra. "Actualmente, muchos investigadores lo han observado (el comportamiento homosexual en primates), pero no lo han notificado. Recomendamos que futuras investigaciones lo incluyan en la recopilación de datos para poder analizarlo con mayor detalle", dice. Los científicos creen que factores similares podrían estar implicados en la explicación del comportamiento homosexual tanto en los homínidos ancestrales como en los humanos actuales. Sin embargo, advierten de que se debe tener cuidado al interpretar sus hallazgos. «Es importante considerar la homosexualidad humana con cautela, ya que la sexualidad, la identidad y el género deben ser tenidos en cuenta, mientras que en nuestro estudio comprendemos la conducta homosexual en primates no humanos como un comportamiento biológico. Por lo tanto, es difícil extraer conclusiones directas», puntualiza Coxshall. «Sin embargo —continúa—, podemos plantear la hipótesis de si las especies de homínidos mostraron esta conducta considerando que podrían haber habitado entornos similares o formado estructuras sociales similares a las de los primates no humanos estudiados en nuestro artículo».