Apenas llevamos unos días de 2026 y podemos decir, casi sin miedo a equivocarnos, que hemos tenido la noticia del año. Se trata, nada más y nada menos, que de la captura del dictador venezolano Nicolás Maduro y su segunda esposa, a manos de Estados Unidos. Ahora mismo, ambos están encarcelados en una prisión de Estados Unidos, a la espera del juicio, después de haber prestado declaración. Las cosas como son, el futuro pinta un poco negro para ambos, especialmente para Maduro. De él y de su régimen chavista, heredado de Hugo Chávez, se pueden decir infinidad de cosas, pero en este artículo no procede. Porque ahora es el momento de seguir muy de cerca el plan de Trump, que pasa por hacer de Delcy Rodríguez, ahora “presidenta interina” de Venezuela, un títere que le ayude a destruir el chavismo desde dentro y trabaje hacia una transición a la democracia. No será fácil, pero parece que, por el momento, Delcy ha ido cumpliendo con las exigencias estadounidenses. Exigencias que pasan, por cierto, por liberar a los miles de presos políticos encarcelados injustamente en centros de tortura venezolanos. Poco a poco, se han ido liberando algunos de los presos políticos encarcelados en Venezuela de forma injusta, cumpliendo con las exigencias de Trump (mal que le pese a Zapatero). Sin embargo, muchos otros continúan en celdas enanas siendo torturados noche y día. El horror que se vive en lugares como El Helicoide (ese modernísimo centro comercial que acabó siendo el mayor centro de torturas de Latinoamérica) y 'La tumba', una prisión a miles de metros bajo tierra, solo lo saben los propios prisioneros. Lorent Saleh es uno de ellos, un opositor al régimen chavista que pasó cuatro años encarcelado entre 'la tumba' y El Helicoide, y siendo víctima de torturas inexplicables. Él mismo contaba su traumática experiencia en 'La Tarde'. “'La tumba' es un centro de tortura que queda en la sede de la Comandancia General del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional en Plaza Venezuela. Antiguamente, iba a ser una bóveda de un banco y lo convirtieron en un centro de tortura. Afortunadamente, está bastante bien documentado por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos” comenzaba explicando. “A mí primero me secuestran en Bogotá el 4 de septiembre del 2018, me trasladan a Venezuela y me encierran dos años primero en la tumba” explicaba. Él mismo contaba que una forma de tortura era la de simplemente estar ahí, porque nunca, al no ver la luz del sol, supo qué hora era o cuánto tiempo había transcurrido de su estadía. “Si la temperatura te la bajan, terminas acurrucado en una esquina con un dolor en los huesos, y si la suben empiezas a asfixiarte. A eso le sumas ruidos que te aturden y la descomunicación. Yo lo he dicho: si uno deja de verse en el espejo, olvida su rostro y eso es lo que ellos buscan, reventarlo a uno por dentro” decía. Lorent Saleh hizo de todo, probó de todo para salir de su situación, aunque, desafortunadamente, no tuvo éxito. “Hice dos huelgas de hambre, hubo presión y varios intentos de suicidio hasta que me dejaron ver. No quería hablar estos detalles porque es triste tener que revivir esto para que realmente nos crean lo que pasó en Venezuela” decía entristecido. No es para menos, porque recuerda con verdadero horror esos años torturado, y dice que no quiere contar los detalles ni recrearse en ellos. Sí que recuerda que fue su madre la que le sacó de aquella espiral, y su fe en Dios. “Yo creo en Dios. Ellos buscan quebrar tu voluntad y que olvides quién eres. Una de las cosas que uno tiene que hacer es recordar por qué estás ahí: ese día cuando muy jóvenes decidimos levantar nuestra voz en el 2007 cuando nació el Movimiento Estudiantil. Recordar a nuestros hermanos que asesinaron en las calles te aferra a una causa y le da sentido a la lucha. El peor castigo para un preso político es que la gente los olvide, que la gente deje de luchar” comenzaba diciendo. “Mi madre luchó muchísimo, soy hijo único. Recorrió el mundo entero, le rogó al Vaticano y se le arrodilló a la comunidad internacional para que la escucharan. El 12 de octubre me sacan de la celda cuando menos lo esperaba. Me montan en unas patrullas, me bajan al aeropuerto y había una delegación de la Unión Europea. Me montan en un avión y tardé días en creérmelo. Uno no va a terminar de ser libre hasta que todos sean liberados, porque uno se siente culpable celebrando un 31 de diciembre sabiendo que ahí queda gente inocente” decía. Contaba que no será nunca libre hasta que sean liberados todos los presos políticos.