Esther, artista que pinta a cantantes en la fila de sus conciertos: “Total, que al final nos plantamos allí y pinté el cuadro”

Una fila de concierto es un escenario de impaciencia y móviles en mano. Sin embargo, en mitad de esa espera, a veces emerge una figura inesperada: una mujer con un caballete, un lienzo y sus pinceles. Se llama Esther Moya González, es pintora y retratista, y ha ideado una forma tan sencilla como radical de vivir la música: convertir la espera de los conciertos en un estudio al aire libre para, si todo va bien, entregarle el retrato al artista. La idea surgió casi como una broma. Fue el 12 de noviembre del 2024, en la cola para el concierto de Rels B. Ante la perspectiva de pasar horas esperando, su pareja, Miguel Ángel, le lanzó el reto: “Yo creo que te da tiempo hasta a pintar un cuadro”. Esther recogió el guante. “Total, que al final nos plantamos allí y pinté el cuadro”, recuerda la artista. La anécdota se convirtió en un punto de inflexión. Estuvo ocho horas y media pintando en la calle, y la casualidad quiso que el equipo de Dani, el cantante, la viera desde la terraza de un bar cercano. “Siempre que termina gira, le regalamos un cuadro. Esta vez no tenemos ninguno, ¿qué te parece si le damos el tuyo?”, le propusieron. Así, su primer retrato en directo llegó a manos del artista, en lo que Esther describe como una alineación de planetas. Su arte no solo transforma su propia espera, sino también la de los demás. “Yo era la tele, todo el mundo estaba ahí conmigo, apoyándome, vamos, que lo consigues”, explica sobre el ambiente que se genera. Para ella, el objetivo es siempre el mismo: “La finalidad es entregar solo al artista, de mi parte y de parte de todos los fans que estamos ahí esperando durante tanto tiempo”. Desde aquel primer cuadro, ha pintado 42 retratos en menos de dos años. Pero su momento cumbre llegó en agosto de 2024, durante los cuatro conciertos consecutivos que Karol G ofreció en el estadio Santiago Bernabéu. Para esta ocasión, Esther se embarcó en un proyecto monumental: un lienzo de 1,20 por 1,40 metros que pintó durante los cuatro días, soportando el intenso calor de julio. Fueron jornadas maratonianas de pintar durante el día y editar vídeos para redes sociales por la noche. Al cuarto día, cansados y llegando más tarde de lo habitual, ocurrió el milagro. “Tuvimos la maravilla y la casualidad de en llegar de camino al Bernabéu y que parara una furgoneta negra, y de esa furgoneta se parara Karol G”, relata emocionada. La estrella colombiana se había fijado en ella y en su obra. La cantante se detuvo y le preguntó: “Pero reina, ¿pero este cuadro?”. Esther, nerviosa, le explicó que el objetivo era subastar la obra para una ONG. “En cuanto lo vio, me dijo, ‘no te preocupes, que esto se va a cumplir’”, cuenta la pintora. Dicho y hecho: el cuadro se subastó meses después en Miami, durante la gala benéfica de Conchora, la fundación de Karol G, y alcanzó la cifra de 72.500 dólares. Aunque cursó el bachillerato de artes, Esther se considera en gran parte autodidacta y compagina su pasión por la pintura con su trabajo como tatuadora. Su técnica, perfeccionada a base de horas de práctica en la calle, le ha permitido retratar a figuras como Dua Lipa, Maluma, Nicky Nicole, Aitana y Joaquín Sabina, a quien inmortalizó durante su último concierto en Madrid. De todos los artistas que ha conocido, destaca la amabilidad de los argentinos y mexicanos. Recuerda con especial cariño sus encuentros con Estopa y David Bisbal. “Son tal cual los ves”, afirma sobre los hermanos Muñoz. Por su parte, Bisbal la reconoció al instante y bromeó con ella. “Él ya estaba esperándome, sabía lo que iba a pasar antes de que yo lo supiera”. Con la vista puesta en 2026, Esther ya tiene una lista de próximos objetivos. Este año “viene con fuerza, viene cargadito”, asegura con entusiasmo. Entre los nombres marcados en rojo en su calendario se encuentran dos grandes retos: Rosalía y Bruno Mars. Para la artista, cada concierto es una nueva oportunidad para seguir creciendo y demostrando que, a veces, lo más importante ocurre antes de que empiece el ruido.