No se pierdan las imágenes de esa chica iraní encendiéndose un cigarrillo con las llamas que brotan de la foto del ayatolá jefe. Si son ustedes tan cibertarugos como un servidor, recurran a un hijo, a un cuñado si fuese menester, pero que alguien se las enchufe. La chica que fuma, en Canadá o en Albania, no me importa, parece una heroína de puro cine negro. La chica que fuma destila un desparpajo y un coraje que provoca nuestra admiración, nuestra rendición, nuestro amor. La chica que fuma contra ese Irán sometido por los fanáticos del turbante gasta desfachatez de Bacall en pleno y efervescente diálogo con Bogart. Necesitamos iconos para apreciar las acontecimientos, símbolos que nos sitúen en el... Ver Más