A lo complicado de trabajar cada día con más de una veintena de alumnos en clase se suma desde hace años el tener que lidiar también con las familias, con padres que acuden a los centros educativos alterados por la trayectoria académica de sus hijos o molestos por alguna situación puntual y que llegan a insultar o amenazar al profesorado. Se trata de una situación está pasando factura a los docentes, quienes reconocen que existe un malestar creciente por este motivo.