La recta final para los miles de aspirantes al examen MIR en Asturias está marcada este año por la incertidumbre y una preocupación creciente. La caótica gestión del Ministerio de Sanidad en la convocatoria ha generado una cadena de retrasos y errores que está llevando al límite a los futuros médicos. "Tenemos incertidumbre y, sobre todo, preocupación por ellos", admite María Bergia, directora académica de la prestigiosa academia MIR Asturias. El origen del caos se remonta a la publicación de las listas provisionales de admitidos, que llegaron con casi un mes de retraso sobre la fecha prevista. La sorpresa fue mayúscula cuando se detectaron errores masivos: cerca de un 38% de los aspirantes tenían una media académica incorrecta. Este baremo supone un 10% de la nota final, por lo que un fallo en el cálculo puede ser determinante. La gestión del Ministerio de Sanidad, dirigido por Mónica García, ha sido duramente criticada por su falta de transparencia. Aunque comunicó públicamente que había unos 2.000 no admitidos, la realidad es que entre 10.000 y 12.000 personas de toda España tienen errores en la puntuación de su baremo. "Aunque salgas como admitido, es importante que esa baremación esté de forma adecuada", subraya María Bergia. La peor parte se la llevan los más de 1.500 aspirantes que, directamente, figuraban como no admitidos en las listas provisionales. Para ellos, la incertidumbre es máxima. "Probablemente sean las personas que están más nerviosas por conocer esos listados admitidos definitivos", explica la directora académica de MIR Asturias. El plazo para subsanar los miles de expedientes con errores finalizó el 2 de enero, pero los festivos posteriores dejaron apenas un par de días hábiles para una tarea que, según fuentes del sector, es "matemáticamente imposible" de cumplir. Pese a que el Ministerio se comprometió a publicar las listas definitivas el 7 de enero, ha vuelto a retrasarlas hasta el jueves 15 de enero, a menos de diez días del examen, que se celebra el día 24. Esta compresión de los plazos y la acumulación de fallos han provocado que la ansiedad de los estudiantes se dispare en el momento más delicado de su preparación. "Evidentemente, con estos retrasos, están más nerviosos y tienen más ansiedad y más estrés, como es lógico", confirma María Bergia sobre el estado anímico de los opositores. Aunque existe una última vía para quienes no aparezcan en las listas finales, el recurso de alzada, esta solo añade más burocracia a un proceso que ha minado la confianza de los futuros especialistas. Ahora, tanto academias como alumnos solo esperan, en palabras de Bergia, que a pesar de todo puedan hacer el examen "con garantías y que les vaya a todos fenomenal".