La Comisión Europea ha iniciado una investigación contra Grok, la inteligencia artificial de la red social X, por la presunta generación masiva de imágenes falsas de contenido sexual. La herramienta, según los datos que maneja Bruselas, podría haber creado hasta 6.700 desnudos falsos por hora, lo que ha motivado un análisis sobre si vulnera la normativa europea. Este ha sido el tema abordado en el programa 'Herrera en COPE' por el profesor de Ética Ricardo Calleja en la sección ‘Laboratorio de ideas’, conducida por Jorge Bustos. Para el profesor Calleja, este uso de la inteligencia artificial no es en absoluto sorprendente. Durante su intervención, ha trazado un paralelismo con el consumo de pornografía en internet para contextualizar el fenómeno. "Basta ver cómo hemos usado algunas de las innovaciones tecnológicas, por ejemplo, Internet", ha señalado. Para apoyar su argumento, ha compartido datos de fuentes como la plataforma 'daleunavuelta.org', indicando que, según un estudio de Google y Stanford de 2022, el 22% del tiempo conectado a internet se dedica a la pornografía. Además, Calleja ha destacado la magnitud de este consumo al apuntar que, en 2023, "los grandes portales de pornografía tenían más del doble de visitas que Netflix o TikTok". Uno de estos portales, PornHub, registra alrededor de 100 millones de visitas diarias, según su propio informe anual. Con este contexto, el experto ha querido dejar claro por qué el desvío de una herramienta como Grok hacia fines sexualizados era previsible. Frente a la defensa de la empresa, que atribuye la responsabilidad al "mal uso por parte de los usuarios" y califica la tecnología como neutral, Calleja se ha mostrado tajante. "Esta es la historia de siempre", ha afirmado, rechazando la idea de que la herramienta es como "un cuchillo" cuyo uso depende enteramente del usuario. Para el filósofo, el diseño de la tecnología influye directamente en su aplicación. El profesor de Ética ha descrito un escenario en el que personas con "altos niveles de frustración, ansiedad, con dificultades para entablar relaciones normales" tienen en sus manos una herramienta de uso "inmediato y en soledad". Según Calleja, esta combinación hace que sea predecible que la herramienta se utilice masivamente "para usos que no son especialmente útiles". Entonces, ¿cuál es la solución? Ricardo Calleja ha propuesto un enfoque en tres niveles. Por un lado, está la dimensión personal, aunque admite que apelar al buen uso individual "no es lo único". Por otro, ha instado a la "comunidad política" y al "legislador" a poner reglas y sanciones para que la tecnología sirva a una "sociedad sana", restringiendo su mal uso aunque no se pueda evitar por completo. Finalmente, ha subrayado la importancia de la lucha en el plano cultural y educativo. En este sentido, ha roto una lanza por la idea de que "el modo de gestionar la tecnología no es simplemente usarla bien, sino que a veces hay que no usarla". Según el experto, hay momentos y espacios donde es preferible optar por "relaciones reales, no intermediadas", fomentando la presencialidad y el contacto con la realidad.