La Doctrina Monroe, proclamada en 1823 por el presidente estadounidense James Monroe, constituye uno de los pilares históricos de la política hemisférica. Surgió en un contexto de profunda reconfiguración internacional tras las guerras napoleónicas y la desintegración del imperio español, y tuvo inicialmente un carácter defensivo y anticolonial: buscaba impedir nuevas colonizaciones europeas en América y proteger a las jóvenes repúblicas del continente. Aunque presentada como una afirmación de la autonomía americana, contó desde sus inicios con el respaldo estratégico de Gran Bretaña, interesada en preservar sus intereses comerciales y frenar el retorno de las potencias europeas continentales. Este apoyo se consolidó especialmente tras el Arbitraje de París de 1899, que resolvió el diferendo entre Venezuela y el Imperio Británico en favor de este último, asignándole el territorio de la Guayana Esequiba.