La desesperación de una familia en Tacoronte, Tenerife, ha vuelto a poner sobre la mesa las limitaciones administrativas y judiciales para atender casos extremos de problemas de salud mental. Dulce Peraza ha lanzado un grito de auxilio en los micrófonos de 'Herrera en COPE Tenerife' para denunciar la situación límite en la que vive su hermana, diagnosticada con cáncer y síndrome de Diógenes, que malvive rodeada de basura, ratas y en condiciones de absoluta insalubridad sin que ninguna institución actúe de manera efectiva. La situación, que se arrastra desde el año 2008, ha llegado a un punto crítico, con los vecinos atemorizados y una familia que se siente completamente abandonada por un sistema que alega no tener competencias. El epicentro de esta crisis humanitaria se encuentra en una zona muy transitada, en el número 55 de la Carretera General, frente a una conocida entidad bancaria. Allí, la hermana de Dulce "está malviviendo, ya está viviendo encima de la basura, tiene la casa llena de basura, y toda la entrada comunitaria llena de basura", según ha relatado su hermana. La acumulación de desperdicios es tal que la mujer ha hecho de ellos su entorno vital, comiendo de los contenedores y llenando su carro a diario para seguir acumulando. Esta degradación progresiva ha convertido la vivienda en un foco de insalubridad y un hogar para las plagas. Lejos de ser un problema menor, la situación genera un riesgo constante para la comunidad. Los vecinos, que en su día se asociaron y recogieron firmas para exigir una solución, ahora viven con miedo. Dulce ha explicado que su hermana "los tiene amenazados" y que no se atreven a dar declaraciones. Ella misma ha tenido que pedirles disculpas en incontables ocasiones. "Sí, les amenaza con un cuchillo, unas tijeras, los amenaza, y le tienen miedo", ha detallado. Las escenas descritas por los residentes son dantescas, con episodios en los que la mujer se pasea "desnuda, saltando y gritando" en las zonas comunes traseras del edificio. La crudeza del relato aumenta al saber que la mujer no solo vive entre la inmundicia, sino que la fomenta activamente. "Le da de comer a las ratas", ha afirmado Dulce, quien ha sido testigo de cómo su hermana les deja agua y restos de comida, como cajas de pizza. "Es una inhumanidad, porque está malviviendo", ha sentenciado Dulce, subrayando el avanzado estado de deterioro físico y mental de su hermana, la única que tiene. La respuesta de las administraciones ha sido, hasta ahora, un muro de impotencia burocrática. La contestación recurrente del Ayuntamiento de Tacoronte es que el caso "no es competencia de ellos". A pesar de acumular innumerables expedientes, informes y denuncias diarias de la Policía Local y la Guardia Civil, el consistorio asegura que no puede intervenir sin una orden judicial que decrete la incapacitación de la mujer. "Por informes que no sea", ha lamentado Dulce, indicando que incluso le han sugerido que no presente más escritos en el registro de entrada. El bloqueo judicial es, precisamente, el nudo gordiano del problema. Hace aproximadamente un año, y tras una de las múltiples denuncias que la propia afectada interponía contra su hermana, un juez ordenó la intervención de un forense. Sin embargo, la evaluación, realizada cuando la situación "no estaba tan grave como ahora", concluyó que la mujer "no estaba para incapacitar". . Esa decisión judicial archivó la vía legal y dejó a la familia sin herramientas para actuar. Otras vías también han resultado infructuosas. Dulce acudió en su momento al hoy ex Diputado del Común, Rafael Yanes, pero el expediente "se archivó" porque, según le indicaron, solo podían adjuntar lo que se pudiera "poner en el papel", sin aceptar pruebas gráficas como fotos o vídeos que demostraran la magnitud del problema. La frustración de Dulce es total: "Yo pensé que el Ayuntamiento iba a decir, ‘no, pues vamos a buscar una solución’, porque es inhumano tener una persona, una ciudadana, en estas condiciones tantos años. Pero no tengo ayuda". La situación actual es la culminación de una larga historia de deterioro que se remonta a 2008, cuando la mujer ingresó de forma voluntaria en la unidad de psiquiatría del Hospital Universitario de Canarias y pasó por el centro Febles Campos. Tras recibir el alta, se fue a vivir con su madre. El fallecimiento de esta última marcó un punto de inflexión, momento en el que "empieza el problema real". La casa que su madre le había preparado en Tacoronte es la misma que hoy está anegada por la basura. El historial de abandono viene de lejos. Dulce ha recordado con dolor cómo, cuando su madre aún vivía, esta "se asomaba por la ventana de la casa pidiendo socorro", pero la Guardia Civil supuestamente no acudía "porque no había sangre". La indefensión ya existía entonces y ha continuado hasta hoy. Dulce teme un desenlace fatal y ha hecho referencia a un suceso similar ocurrido en La Matanza, donde una casa fue incendiada. Su mayor temor son las amenazas de su hermana de "explotar una bombona". Ante este escenario, la pregunta de Dulce resuena con fuerza: "¿Qué puedo hacer yo? Yo no sé qué hacer". Su única alternativa parece ser la vía legal privada, pero se pregunta: "Tendría que buscar un abogado de pago, que imagínate lo que me puede costar", una opción inviable para ella.