Ucrania ha desbloqueado un “modo online” salvaje. El de Rusia reclutando africanos en Discord para convertirlos en "abre latas"

La guerra de Ucrania ya había coqueteado con el lenguaje del mundo gamer: recompensas por objetivos, listas de “loot” y hasta un “Amazon militar” improvisado para canjear éxitos por material real . Pero si aquello parecía una forma de gamificar la logística , lo que está pasando ahora sube de nivel: ya no se trata de comprar drones con puntos, sino de reclutar soldados dentro de las propias comunidades de jugadores y convertirlos en bombas humanas. La guerra como industria global. En el frente ucraniano, Rusia ha terminado construyendo una maquinaria de captación que no se limita a buscar soldados, sino que los arrastra desde lugares cada vez más improbables , como si la guerra se hubiera convertido en un embudo global. Lo que antes era un conflicto entre ejércitos empieza a parecer una red de contratación internacional donde entran jóvenes atraídos por dinero, por una promesa de futuro o simplemente por una conversación casual que se vuelve irreversible. El resultado es un goteo constante de extranjeros que llegan a Rusia, firman un papel, reciben un entrenamiento apresurado y desaparecen en el paisaje más brutal de Europa, donde la distancia entre la firma de un contrato y la muerte puede medirse en semanas. En Xataka El chorro polar se ha enderezado y España lo va a notar: AEMET dice 'adiós' al frío polar durante lo que nos queda de enero Reclutamiento en una pantalla. La historia la contaba Bloomberg y arranca con dos jóvenes sudafricanos, usuarios habituales de Discord y jugadores de Arma 3, que terminan hablando de enrolarse en el ejército ruso con alguien que se identifica como @Dash. Lo que parece un intercambio más en una comunidad digital va subiendo de temperatura hasta convertirse en un plan real: se citan en Ciudad del Cabo, se mueven juntos y acaban visitando el consulado ruso, como si ese paso burocrático diera legitimidad a lo que, en el fondo, ya es una fuga hacia la guerra. El 29 de julio emprenden viaje hacia Rusia vía Emiratos Árabes Unidos y, tras llegar, se encuentran allí con "Dash". Poco después, a principios de septiembre, firman contratos militares de un año cerca de San Petersburgo y quedan atrapados en el carril rápido de un conflicto que no se detiene a comprobar si alguien entiende de verdad dónde se está metiendo. Contrato, entrenamiento y frente. Apenas pasan unas semanas entre la firma y el frente. Tras un periodo breve de instrucción básica, uno de los dos es enviado a combatir en Ucrania, donde desempeña funciones como asistente de tirador para un lanzagranadas, una descripción que suena a rutina militar pero que es, en realidad, el preludio de una desaparición . La última vez que contacta con su familia es el 6 de octubre. El 17 de diciembre, un amigo comunica que ha muerto en combate . La confirmación llega con un documento médico que su familia consigue después, fechado meses más tarde, donde consta que falleció el 23 de octubre de 2024 en Verkhnekamenskoye, en la región de Luhansk. Del otro joven no se sabe nada: su paradero queda en el aire, como ocurre con muchos nombres que entran en la guerra y se pierden en el ruido del frente. El escándalo que estalla en casa. En Sudáfrica, el caso no se lee solo como una tragedia personal, sino como un problema nacional, porque desde 1998 es ilegal combatir para o asistir a las fuerzas armadas de un país extranjero. Y además llega en un momento especialmente sensible : en las últimas semanas han aparecido más acusaciones de reclutamiento hacia Rusia, con investigaciones que apuntan a redes de captación y a historias contadas con disfraces aceptables (cursos de escolta, formación de seguridad) que se vuelven sospechosas cuando desembocan en contratos militares. Ese clima de alarma pública se agrava con detenciones y procesos judiciales , mientras las autoridades sudafricanas, el consulado ruso y la propia plataforma aparecen envueltos en un silencio sin respuestas claras y con familias intentando recomponer, a golpe de correos y llamadas, el mapa de una desaparición. La mentira. Explicaba el medio que entre los incentivos que se ponen sobre la mesa aparecen siempre los mismos : dinero, condiciones atractivas, la posibilidad de obtener ciudadanía rusa y la idea de que el servicio podría abrir puertas educativas o de progreso. Es una oferta diseñada para sonar concreta y razonable , como si el combate fuera un trabajo duro pero transitable, una experiencia peligrosa pero temporal. Sin embargo, el relato deja claro lo que ocurre cuando esa promesa aterriza en Ucrania: la guerra no es un contrato, es más bien una trituradora, y para quien llega sin raíces, red de apoyo o capacidad de salir del engranaje, el destino se reduce a una fecha en un papel y a una localización perdida en el este del país. Cuerpos kamikaze. En otro punto del mismo conflicto aparece una escena que se ha hecho viral en redes, un vídeo aún más brutal: un mercenario africano es “armado” con una mina antitanque TM-62 sujeta al cuerpo y enviado hacia posiciones ucranianas con la intención de que se inmole para abrir un búnker. El vídeo muestra la crudeza sin metáforas: el hombre protesta, pero un soldado ruso lo amenaza con un fusil, lo empuja, lo expulsa de un sótano y le ordena correr hacia el bosque. En ese lenguaje lo llaman “abre-latas” , como si fuera una pieza de ingeniería, un instrumento diseñado para romper una puerta a costa de desaparecer, y la escena se queda grabada por lo que revela: no solo se recluta a extranjeros, se emplean en misiones donde la vida no es un valor a proteger, sino lo más parecido a un detonador disponible. Extranjeros en la guerra. Ucrania sostiene que hay al menos 1.436 ciudadanos de 36 países identificados combatiendo en las filas rusas, y que la cifra real puede ser mayor.  Se habla, otra vez, de captación por promesas económicas, engaños o presión , y advierte de una supervivencia mínima: muchos no llegan a más de un mes después de llegar al frente. La afirmación, por dura que sea, encaja con el paisaje que dibujan estas historias : personas que entran por rutas laterales, que llegan atraídas por incentivos o atrapadas por intermediarios, y que terminan absorbidas por una guerra que ha ido devorando tropas hasta convertir la reposición en una necesidad constante. En Decoesfera Adiós a las camas con canapé: así es la nueva tendencia más cómoda y elegante que gana puntos en tu habitación La guerra en la cotidianeidad. Lo más inquietante no es que exista reclutamiento, sino dónde empieza : en una app de chat con una comunidad de jugadores, en una conversación que no suena a ultimátum sino a posibilidad de mejora. Y lo más devastador es dónde termina : en un contrato firmado lejos de casa, en un entrenamiento rápido, en un frente donde el silencio sustituye a los mensajes, y en casos extremos en un cuerpo obligado a correr con explosivos atados al pecho. Toda esta línea del tiempo sucede con una frialdad administrativa que contrasta con el horror real, como si la guerra moderna hubiese aprendido a entrar por la puerta más fácil (en este caso la rutina digital, la promesa de una vida mejor) para conducir a sus reclutas hasta el lugar donde ya no hay nada que explicar, solo sobrevivir. Imagen | Telegram En Xataka | Rusia ha recuperado los tanques en la guerra de Ucrania con una táctica sorprendente: ahora ni siquiera se mueven En Xataka | “Los robots no sangran”: el dron ucraniano que frenó a Rusia seis semanas con una ametralladora y ni un solo soldado humano - La noticia Ucrania ha desbloqueado un “modo online” salvaje. El de Rusia reclutando africanos en Discord para convertirlos en "abre latas" fue publicada originalmente en Xataka por Miguel Jorge .