Dos mujeres aseguran haber sufrido agresiones sexuales por parte de Julio Iglesias cuando eran empleadas de sus mansiones de Punta Cana (República Dominicana) y Lyford Cay (Bahamas) en 2021. En concreto acusan al cantante de agresiones sexuales reiteradas, tocamientos no consentidos y un clima de control y humillaciones. Según una investigación conjunta llevaba a cabo durante tres años por el elDiario.es y Univision Noticias, se trata de una empleada del servicio doméstico y una fisioterapeuta personal . La primera relata que fue presionada para mantener encuentros sexuales con el artista y describe penetraciones, bofetadas y vejaciones físicas y verbales. «Me sentía empujada a hacer cosas sin opción a decir que no. A esa casa hay que llamarla la casita del terror porque es un drama, una cosa horrible». «Cuando le digo que no quiero hacer algo, comienza a insultarme muy feo y a decirme que cómo no voy a estar con él, que hay muchísimas modelos muriéndose por estar con él y que yo, porque él me quería y me había cogido cariño, estaba siempre junto con él», continúa la trabajadora en su declaración. «Él me decía que era una princesa con suerte por estar en su casa. Pero cómo voy a ser una princesa con suerte si trabajo más de dieciséis horas». La segunda denunciante asegura que «Julio es una persona muy controladora» que ejercía control «a través del miedo, amenazando con despedirte, constantemente te recuerda que estar trabajando para él es lo mejor que te ha pasado en la vida y vive recordándote cuáles son las reglas, qué puedes hacer y qué no». La empleada en tareas de limpieza sostiene que el cantante español, entonces de 77 años, la llamaba por la noche a su habitación varias veces por semana y la penetraba con los dedos, anal y vaginalmente, sin su consentimiento , al tiempo que la insultaba y abofeteaba. Según su testimonio, en ocasiones todo esto ocurría con la participación o presencia de encargadas de la casa, y los abusos solo cesaban cuando la esposa del artista u otras invitadas estaban en la finca. «Me tuvo durante horas pasándole la lengua por el ano y chupándole el pito porque él sentía mucho dolor de espalda y eso lo calmaba», asegura la mujer, que llegó a sentirse como «una muñeca» sin capacidad real para negarse, y abandonó la casa con síntomas de ansiedad, taquicardia y llanto constante, por los que requirió tratamiento psicológico. La fisioterapeuta pertenecía al grupo de empleadas conocidas como «señoritas» , que tenían mejores condiciones que el servicio doméstico pero presuntamente eran igualmente sometidas a la disciplina interna de la casa. Esta segunda denunciante afirma que el artista le tocó y apretó los pezones en la playa y en la piscina, la besó con la lengua en su habitación y le propuso mantener tríos con otras empleadas , insistiendo pese a sus negativas y enmarcando parte de esos tocamientos en una supuesta curiosidad «médica» por su operación de pecho. El equipo de periodistas que ha investigado el asunto ha podido constatar que la encargada responsable de la selección de empleadas gestionó la realización de reconocimientos médicos a las trabajadoras del servicio doméstico, que incluían exámenes ginecológicos y pruebas de enfermedades de transmisión sexual . Ante el temor que sentían al compartir su testimonio, dos de las entrevistadas fueron remitidas a una organización internacional de derechos humanos. Las mujeres aceptaron este asesoramiento legal por decisión propia, pero por el momento no hay constancia de denuncias judiciales. Los autores de la investigación aseguran que se pusieron en contacto en repetidas ocasiones y por diferentes vías con Julio Iglesias y con su abogado, sin obtener respuesta a las preguntas que estos medios le hicieron llegar por email, mensajes telefónicos y cartas entregadas en sus residencias. También se cuenta con testimonios de otras quince personas que han trabajado para Julio Iglesias, incluyendo personal doméstico y otros profesionales especializados que trabajaron en distintos periodos, entre finales de los años 90 y 2023, en las casas del cantante en República Dominicana, Bahamas y España, que coinciden en señalar un ambiente de tensión, con gritos, insultos, amenazas de despido, control del peso de las empleadas y escenas de llanto, así como restricciones para hablar entre ellas o tomar fotografías en el interior de las mansiones. Una excocinera recuerda que ya a finales de los años noventa abandonó la villa de Punta Cana tras pocos meses por el «ajetreo» y el carácter irascible del cantante, que, según otro exempleado, le llegó a provocar caída de cabello por estrés. Por otra parte, según la investigación, a las trabajadoras domésticas no se les formalizaba un contrato laboral por escrito y, según sus testimonios, algunas de ellas cumplían jornadas de diez horas diarias que, en algunas empleadas, podían alargarse hasta las 16, y las libranzas no llegaban hasta pasados tres meses de trabajo ininterrumpido.