Las palabras del Papa León XVI pidiendo un mayor esfuerzo para aumentar las medidas de prevención de accidentes laborales resuenan con fuerza en España. Solo en el primer semestre de 2025, 363 personas han perdido la vida en el trabajo, una cifra que evidencia que el empleo, cuando no es seguro, deja de ser una bendición. En este contexto, Paloma Becerra, presidenta de la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC), ha analizado en el programa 'Ecclesia al día' de TRECE las causas y consecuencias de esta lacra. Para la presidenta de la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC), la Iglesia siempre ha defendido que un trabajo digno debe tener a la persona en el centro. Según Becerra, esta idea es fundamental, ya que el trabajo no es solo un medio para recibir un salario, sino un espacio para la realización personal. "Si el trabajo ha de cuidar a la persona y a la vida, no puede ser inseguro, ni puede producir riesgos que ataquen contra la persona", ha afirmado, destacando que la seguridad y la salud en el trabajo son un derecho fundamental para todos. Becerra insiste en que las empresas deben concebirse como lugares de vida y comunidades fraternas, tal como ha señalado el Papa. La campaña de su organización lo resume con el lema “Cuidar el trabajo es cuidar la vida”. Esto implica crear relaciones humanas donde cada persona tiene un rol claro, pero siempre dentro de un marco de cuidado mutuo y respeto por el bienestar del empleado. Uno de los principales problemas, según Becerra, es la precariedad laboral. Ha recordado que el informe FOESA cifra en más de un 45 % los españoles con un trabajo precario, una situación que considera un riesgo muy alto. "La mayoría de los accidentes se producen en estas personas", ha señalado. Esta inestabilidad genera miedo a la pérdida del empleo y obliga a aceptar condiciones que ponen en peligro la seguridad. Más allá de los accidentes físicos, la presidenta de la HOAC ha puesto el foco en los riesgos psicosociales, cuyas consecuencias a menudo permanecen ocultas. "Cuando hablamos de siniestralidad, hablamos de accidentes, pero también están las enfermedades laborales, que son tanto físicas como mentales", ha explicado. El estrés derivado de jornadas interminables, la falta de desconexión digital o el mal ambiente laboral están aumentando estrepitosamente las dolencias relacionadas con la salud mental. Becerra lamenta que, a menudo, no se es consciente de que se trabaja con personas en lo que el Papa define como un espacio de vida. "Desgraciadamente muchas veces el trabajo no se organiza en función de los trabajadores, de las personas, ni en función del respeto a los derechos fundamentales, se organiza en función al beneficio", ha criticado. Esta priorización de la rentabilidad sobre el bienestar humano es la raíz del problema. Sin embargo, humanizar el entorno laboral no siempre requiere grandes inversiones. Aspectos como preguntar al empleado cómo está, garantizar una silla cómoda o simplemente reconocer el trabajo bien hecho pueden generar bienestar y, en consecuencia, mejorar la productividad. Becerra concluye que no se trata solo de la voluntad individual, sino de un problema estructural: "esto va de que la economía, las empresas, la la estructura se está organizando de forma que se prioriza el beneficio", y esto, a su vez, aumenta la desigualdad.