El decano emérito del Colegio de Abogados de Huelva, Fernando Vergel, ha sido galardonado con la Gran Cruz al Mérito en el Servicio de la Abogacía. Este reconocimiento, que simboliza una trayectoria profesional y humana ejemplar, se suma a una carrera de casi 60 años de ejercicio profesional ininterrumpido y una participación en al menos 10.000 procesos judiciales ante audiencias provinciales, el Tribunal Supremo y el Constitucional. A pesar de definirse como "un abogado modesto", Bergel atesora una larga lista de honores. Entre ellos se encuentran la medalla de Huelva que concede el Ayuntamiento, la insignia de oro del Colegio Oficial de Arquitectos y la del Colegio de Abogados de Huelva, a los que ahora se añade la medalla de honor del colegio, recibida el mismo día que la Gran Cruz. Para Vergel, que supo que quería ser abogado con solo 14 años, el secreto para mantenerse durante seis décadas en una profesión tan exigente es "no perder la ilusión". Explica que, aunque las derrotas son inevitables, es crucial aprender a olvidarlas para centrarse en las victorias y en la satisfacción de ayudar a un cliente, especialmente en el ámbito penal cuando resulta absuelto. El letrado onubense describe la pérdida de un caso como "un cólico que hay que expulsarlo cuanto antes". Reconoce que una de las partes más difíciles de la abogacía es comunicar una mala noticia, ya que considera "lógico" que el cliente, presente en las vistas orales, culpe al abogado en un primer momento, un riesgo inherente a la profesión. De entre los miles de casos en los que ha participado, Bergel recuerda con especial satisfacción el conocido como "la Secta de Mazagón". Se trataba de un grupo de personas, la mayoría con estudios universitarios, sometidas a una fuerte presión por parte de su líder, apodado el "Gran Águila", cuyo juicio se alargó durante dos semanas. Tras la muerte de una persona de la secta, Vergel defendió con éxito en el juicio una tesis jurídica pionera: la mezcla de dos atenuantes, el miedo y la obediencia debida. "Fue el momento en que yo más me he sentido orgulloso de mi profesión", confiesa, al haber logrado una resolución favorable para su cliente gracias a un argumento tan particular. Fernando Vergel sigue en activo y esta misma tarde tiene una consulta. Trabaja desde su despacho, contiguo a su vivienda, lo que le permite, según bromea, trabajar "los sábados y domingos en pijama". Como profesor durante doce años en el máster de acceso a la abogacía, ha tenido mucho contacto con los jóvenes, a quienes advierte de la dificultad del panorama actual. El letrado señala que es un momento "tremendamente difícil por la competencia que hay y con los grandes despachos". Según Vergel, el modelo de "abogado generalista" sobrevive en ciudades como Huelva, pero en núcleos más grandes recomienda unirse a despachos colectivos, ya que "poner una placa en la puerta no es recomendable para nadie". Su consejo final para los que empiezan es triple y claro. Les dice a los jóvenes que hay que tener "capacidad de sufrimiento", ser conscientes de que "nunca se sabe todo lo que se debe saber" y, por encima de todo, es imprescindible la vocación: "Si no gusta, es muy difícil seguir adelante, hay que tener amor al derecho".