El Real Madrid ha buscado en su interior la construcción de su futuro. El club blanco no concede treguas ni contextos amables. Tampoco a los suyos. La designación de Álvaro Arbeloa como reemplazo de Xabi Alonso coloca al nuevo entrenador en el centro del escenario, donde la confianza siempre es provisional y la paciencia, un bien escaso. El club ha apostado por un perfil de la casa para reconducir el proyecto que su antecesor inició el pasado junio. La apuesta, lejos de aliviar la tensión, la aumenta, porque Arbeloa no llega para aprender, sino para responder de inmediato. “Sé dónde estoy, sé la exigencia, pero tengo muy claro lo que es jugar bien y lo que quiere ver el aficionado en su equipo”, advirtió en su presentación, en la que ha asegurado estar ilusionado y ser “consciente de la responsabilidad, de la bonita tarea que tengo por delante”.