Dónde comer en Los Palacios y Villafranca: los mejores bares y restaurantes

Los Palacios y Villafranca es uno de esos municipios que se explican desde el plato. Aquí la gastronomía no es una moda ni un reclamo turístico reciente, sino una consecuencia directa de su tierra, de su huerta y de una forma de entender el producto ligada al Guadalquivir y a generaciones de agricultores y cocineros. Hablar de comer bien en Los Palacios y Villafranca es hablar, inevitablemente, del tomate de Los Palacios, un producto con identidad propia, textura carnosa y sabor profundo que se ha convertido en emblema del municipio y protagonista absoluto de muchas mesas. Pero la despensa palaciega va mucho más allá. La huerta marca el ritmo de la cocina local, con verduras y hortalizas que llegan a los fogones prácticamente sin intermediarios, y el arroz ocupa un lugar privilegiado gracias a su cultivo histórico a orillas del río. No es casualidad que el municipio cuente con su propia Ruta del Arroz , una iniciativa que rinde homenaje a este producto esencial y a las recetas que lo han convertido en seña de identidad, desde arroces tradicionales hasta versiones más contemporáneas. En esta guía hemos seleccionado siete establecimientos donde comer muy bien en Los Palacios y Villafranca , combinando restaurantes emblemáticos con bares de tapeo que representan a la perfección el carácter gastronómico del municipio. Sitios donde el producto manda, donde el recetario local se respeta y donde también hay espacio para propuestas actuales que dialogan con la tradición. Una ruta pensada para descubrir el municipio palaciego a través de sus platos, su cocina cotidiana y esos bares y restaurantes que, sin grandes maniobras, hacen de comer en Los Palacios una experiencia honesta, reconocible y profundamente ligada a su territorio. Esa ruta de sitios donde comer en Los Palacios no podía empezar por otro sitio que fuese por Manolo Mayo , uno de esos nombres que explican la historia gastronómica del municipio. Abrió sus puertas en 1963 y, desde entonces, ha construido una trayectoria sólida basada en el respeto absoluto al producto y a la cocina bien entendida. Referente indiscutible en Los Palacios y Villafranca, su cocina ha sabido conjugar tradición y evolución sin perder nunca la honestidad. Una cocina de raíz, reconocida por guías como la Guía Michelin , donde la técnica está siempre al servicio del sabor y nunca al revés. Entre sus platos más representativos destacan sus arroces , convertidos en una auténtica seña de identidad de la casa, así como su ensalada de tomate de Los Palacios, un plato aparentemente sencillo que funciona como homenaje a uno de los productos más emblemáticos de la zona. Junto a ella, propuestas ya clásicas de la casa como el pionono de esturión con crujiente de camarón reflejan esa capacidad de Manolo Mayo para elevar el recetario tradicional con toques personales. Casa Moral es una institución en el corazón del municipio palaciego. Ubicada en pleno casco histórico, en la calle Real de Villafranca , esta casa solariega atesora casi un siglo de historia entre sus muros. Fundada en 1929, y con cuatro generaciones a sus espaldas , se ha convertido en uno de los grandes referentes gastronómicos de la provincia. Su propuesta se articula hoy en distintos espacios —taberna, neotaberna y comedor— que permiten al comensal elegir cómo y qué quiere comer, siempre bajo una misma filosofía: producto, territorio y respeto por la cocina tradicional andaluza, con guiños contemporáneos bien medidos. En la carta, Casa Moral hace bandera de los productos de la huerta y la marisma de Los Palacios , con una carta amplia que dialoga entre lo clásico y lo actual. En la taberna brillan recetas de siempre como el bacalao frito con tomate de Los Palacios, uno de los platos más representativos de la casa, mientras que en la neotaberna aparecen propuestas más actuales. A ello se suman platos que ya forman parte de su identidad, desde la ensalada de tomate palaciego con sardinas y queso de cabra hasta guisos, carnes a baja temperatura y una repostería que empieza a tomar protagonismo con la nueva generación al frente. Tasca Ramos es uno de esos bares-restaurantes que explican por sí solos la historia gastronómica del municipio. Nacida en 1982 como u na taberna ligada al vino de la casa y al tapeo más básico, hoy es un establecimiento consolidado que ha sabido evolucionar sin perder su ADN familiar ni su carácter popular. El espacio mantiene una estética sencilla y acogedora, con una barra muy viva —ideal para la cerveza bien tirada y las tapas clásicas— y un salón donde el ambiente se vuelve más reposado. En la cocina mandan las recetas reconocible s: ensaladilla, papas alioli con langostinos, chocos fritos, cazón en adobo o bacalao a la roteña, junto a platos algo más elaborado s que muestran esa evolución tranquila de la casa, como el pulpo braseado con parmentier, las zamburiñas, las alcachofas salteadas o los revuelto de huevos con producto de temporada. La parte carnívora también tiene peso, con ibéricos de calidad y carnes a la brasa —secreto, presa o solomillo— que completan una carta amplia y pensada para compartir. Todo ello acompañado por una bodega cuidada , con vinos nacionales que encajan bien con una cocina honesta, de raíces andaluzas y vocación de casa de comidas. Un clásico vivo que sigue siendo parada obligatoria en Los Palacios y Villafranca. Restaurante Juanma es uno de esos nombres imprescindibles cuando se habla de comer bien en el municipio palaciego . Abrió sus puertas en el año 2000 de la mano de Juan Manuel Franco Martín y, desde entonces, se ha consolidado como una casa de cocina andaluza reconocible, generosa y muy ligada al producto local. El restaurante cuenta con tres ambientes —terraza, barra de tapas y salón comedor— que permiten desde un tapeo informal hasta una comida reposada . Su carta es amplia y refleja esa doble alma entre tradición y producto cuidado: mariscos y pescados traídos de las costas andaluzas, una atención especial al atún (tartar, tataki, dados al wok), y platos ya clásicos como el pulpo frito, el bacalao frito con tomate del pueblo o las croquetas caseras. Uno de los grandes pilares de la casa son los arroces de la marisma, muy ligados al entorno agrícola de Los Palacios y Villafranca. Destacan el arroz cortijero y, como plato estrella, el arroz con carabinero, además de guisos de cuchara como la sopa de tomate del pueblo o el menudo. Todo ello se completa con una sólida oferta de carnes —presa ibérica, carrillera, solomillos y entrecots— que refuerzan la sensación de estar ante un restaurante de los de antes, pero con una carta actualizada y pensada para todos los públicos. Troncoso es uno de esos bares familiares que forman parte del día a día del municipio. Fundado en 1983 por Antonio Troncoso González y Concepción Castillo Muñoz, hoy es la segunda generación —Carmen, José Luis y Antonio Silvestre— la que mantiene vivo el negocio, renovado en 2015 pero fiel a su esencia. El local ofrece una barra a la entrada y un salón comedor, con una propuesta basada en tapas y raciones donde manda la cocina hecha en casa. La carta es contenida y cambia según temporada, con un mensaje claro: aquí no hay precocinados y todo se elabora en la cocina. Entre los platos más reconocibles destacan su pavía de merluza, ya convertida en seña de identidad, los huevos rotos , las carnes a la plancha y un perol de langostinos con salsa suave de na ta que suele tener muchos adeptos. En temporada, no falta el potaje de habichuelas colorás, uno de los guisos más representativos de Los Palacios. A ello se suman postres caseros y un menú del día de lunes a viernes, que refuerza su condición de bar honesto, cotidiano y muy bien valorado por el público local. El Mercado Gastronómico Bianco es una de las aperturas más dinámicas que ha vivido el centro del municipio en los últimos años. Impulsado por Pablo Arias Requejo junto a otros hosteleros locales , este espacio nace con vocación de punto de encuentro, pensado para comer, picar algo o alargar la sobremesa sin necesidad de elegir un solo estilo de cocina. El mercado ocupa unos 500 metros cuadrados y cuenta con doble acceso, tanto por la Plaza de España, donde se concentra la terraza, como por Laguna del Mantillo. En el interior, mesas altas compartidas articulan un ambiente abierto y social, envuelto en una decoración cuidada, con presencia de flores y plantas que aportan frescura y un aire contemporáneo. La propuesta gastronómica se reparte en varios puestos de diferentes estilos. La Fábrica abre desde primera hora y se especializa en desayunos y brunch, convirtiéndose en un punto clave por la mañana. A ello se suma Culmen, que combina tapería, brasería y abacería; un espacio dedicado a cocina italiana y mexicana de la mano de Pizzería Manchón; y un puesto centrado en pescados y mariscos, completando una oferta variada que permite recorrer distintos sabores sin salir del mismo lugar. Un formato moderno que ha encajado con rapidez en la vida gastronómica palaciega.