En La Rioja, donde hay registrados más de 60.000 perros, de los cuales más de 20.000 viven en Logroño, la posibilidad de que las mascotas viajen en el transporte público es ya una realidad en algunas líneas. Desde el acuerdo del 28 de abril de 2021, los animales de compañía pueden acceder a los autobuses del servicio de transporte metropolitano. Esta regulación ha puesto de nuevo sobre la mesa el debate sobre si se debería aplicar una medida similar en los autobuses urbanos de la capital riojana. Las condiciones para viajar con mascotas en el transporte metropolitano de La Rioja son específicas. Los perros que viajan en transportín pueden acceder sin restricción horaria. Sin embargo, si el animal viaja sin transportín, debe llevar una correa corta que no supere los 50 centímetros y un bozal puesto; en este caso, el acceso está restringido en las horas de mayor afluencia: de 7:30 a 9:30 de la mañana y de 16:30 a 19:00 de la tarde, a excepción de los meses de julio y agosto, cuando no hay ninguna limitación horaria. Además, el acceso de los perros sin transportín está supeditado a la ocupación del vehículo, a criterio del conductor, y se limita a un animal por vehículo, salvo que los perros pertenezcan al mismo dueño. La normativa es clara con los perros potencialmente peligrosos (PPP), que no serán admitidos fuera del transportín. El dueño es el responsable de que su animal no cause molestias y no ocupe un asiento, y el servicio no tiene un coste adicional en el billete. A diferencia del metropolitano, en los autobuses urbanos de Logroño los perros todavía no pueden viajar, lo que ha generado un debate ciudadano con posturas enfrentadas. Amador, dueño de Kika, una perra de 13 años, se muestra a favor y asegura que el comportamiento del animal es clave: "Este es formal y y no se mete con nadie, vaya, no no ladrará nunca ni nada. Es muy bueno este perro", explica, admitiendo que en alguna ocasión ha accedido al autobús tras hablar con el conductor. En el lado opuesto se encuentra Pilar, quien, a pesar de respetar la legislación actual que permite la entrada de animales en muchos espacios públicos, prefiere que no accedan a los autobuses. "Respeto las normas que hay, y hoy día los perros pueden entrar a un bar, a un probador, a donde sea, entonces, lo tengo que respetar, porque son las leyes así", ha comentado. Juan Manuel, de 84 años, introduce un matiz importante: el tamaño del perro. Paseando con su perrita Luna, ha sido muy claro al respecto: "Le digo sí, pero con entre comillas, porque esta clase de perro como el que yo tengo, que son chiquitines, los puedes meter en una cesta y no pasa nada". Sin embargo, su opinión cambia con los perros más grandes: "Pero, claro, un bicho de esos que pesa 50 kilos, la gente puede tener miedo, puede tener recelo. Te puede tirar al suelo".