Qué hay detrás de Julio Iglesias, el “latin lover devorador de señoras”

Los testimonios de dos extrabajadoras incluyen diferentes agresiones sexuales y abusos laborales en unas mansiones que parecen el paraíso y en cambio ocultan un régimen de terror y control, según estas mujeres. Una investigación exclusiva de elDiario.es en colaboración con Univision Noticias El periodismo valiente necesita de personas comprometidas. Ayúdanos a publicar investigaciones como esta. Hazte socia. Hazte socio Dos mujeres denuncian a Julio Iglesias ante la Fiscalía de la Audiencia Nacional por agresión sexual y trata de personas La semblanza más popular de Julio Iglesias no está escrita en un artículo periodístico ni en un libro biográfico. La acuñaron Ramón Arcusa y Manuel de la Calva en 1977 y dice: Soy un truhan, soy un señor. Los integrantes del Dúo Dinámico usaron su talento compositivo para resumir en el título de una canción no solo una biografía sino también la justificación que el público de Julio Iglesias necesitaba para defender a su ídolo, incluso para querer ser como él: se puede ser un truhan en la intimidad mientras se siga siendo un señor a ojos de las gentes. No más de un año después de la aparición de esa canción, Julio Iglesias se separó de Isabel Preysler y los medios de comunicación, en connivencia con el equipo de comunicación del propio cantante, que incluía un fotógrafo siempre a su disposición, fomentaron a partir de ese momento la imagen de donjuán. En su propia autobiografía, su manager Alfredo Fraile explica cómo, en “términos de marketing”, les “venía bien engrandecer la leyenda de Julio Iglesias como latin lover devorador de señoras”. La investigación de elDiario.es que revela presuntas agresiones sexuales a sus trabajadoras domésticas arroja una nueva interpretación sobre esa desafortunada expresión. El relato que reforzó la prensa durante años, apuntalado en declaraciones del cantante, es que el vacío que dejó la ausencia de la única mujer que amó, le obligó a echarse en brazos de otras muchas mujeres. En cambio, para Hans Laguna, autor de Hey! Julio Iglesias y la conquista de América (Contra, 2022) el donjuanismo de Julio Iglesias cumple “muchas de las características asociadas al trastorno hipersexual o adicción al sexo” y, más que algo romántico, este sociólogo lo considera “un reflejo estetizado de su obsesión por las mujeres”. Las portadas de las revistas del corazón mostraban cada semana esa obsesión, presuntamente íntima, mientras que su producción musical trabajaba sobre el mismo perfil, pero en su proyección pública. Sin ir más lejos, la letra de la canción que le sirve como palanca para conquistar el mercado en Estados Unidos, el dueto con Willie Nelson escrito por el memorable letrista Hal David To All The Girls I’ve Loved Before, dice que está “orgulloso” de haber “acariciado” a “las mejores” chicas, las cuales le han “gustado” y han “llenado de éxtasis” sus noches. Imagen de donjuán Del primer al último libro sobre Julio Iglesias trabajan en reforzar al donjuán, al latin lover . Desde las memorias de su mayordomo Antonio del Valle titulado provocadoramente Julio Iglesias: ¿Truhan o señor? Secretos íntimos desvelados por su mayordomo (autoeditado, 1986) , a la biografía recientemente escrita por el periodista Ignacio Peyró, El español que enamoró al mundo (Libros del Asteroide, 2025). Volumen que, tras la investigación publicada por elDiario.es este martes, contará con una nueva versión “revisada y actualizada” , según han informado la propia editorial y su autor en un comunicado. Las confesiones de Del Valle son despiadadas —como él mismo las define en el prólogo— y fueron vistas en su momento como una traición a su empleador. En esas páginas, el exmayordomo, que estuvo al servicio durante cuatro años, habla de un “entorno de machismo primitivo y descarada promiscuidad” y define la mansión de la isla privada Indian Creek (Miami) como un “sultanato”. También la define como una “organización tribal” donde Iglesias era un “reyezuelo tiránico”. Del Valle afirma que su jefe hablaba de las mujeres que le rodeaban como “titis” y siente que se refería a ellas como si fueran “bestias cazadas y sometidas”. Para Del Valle, Julio Iglesias era, “en privado, un depredador de mujeres”, aunque, en público “pusiese todo su sentimiento en las baladas”. “Quien más veces ha pronunciado el verbo amar con fondo de violines, solo busca satisfacción sexual y halagos banales”, escribe ahondando en la contradicción entre la vida pública y la privada. Y sobre esa tensión que parece definir tanto la figura de Julio Iglesias, escribió también Carmen Martín Gaite en un artículo en El País en 1985, cuando el cantante anunció que se retiraba de la exposición mediática para refugiarse en su mansión en Bahamas, para lo cual convocó una rueda de prensa. “Con el incremento del afán por ‘vender imagen’ al precio que sea en el escaparate de la sociedad de consumo”, comenzaba diciendo la novelista, “se han incrementado también los conflictos (...) entre el personaje y la persona”. “La persona de Julio Iglesias empieza a estar harta de su personaje y a pasarle facturas que le sumen en la mayor contradicción. Porque no sabe cómo pagarlas. No ha entendido todavía que hay algunas facturas —más de las que parece— que no admiten ser saldadas con dólares”, añadía. En la exclusiva que el cantante dio a la revista ¡Hola! ese año, enseñando la casa de Bahamas en la que se iba a enclaustrar durante un año, Iglesias habló de esa dicotomía entre persona y personaje en términos de “el blando” y “el duro”. “Ese lado blando [...] formó y forma parte de mi mito, pero es también una estrategia de despegue. He tenido que ser muy duro para triunfar como blando”, dijo. Y se aventuró a explicar que “el mito de Julio Iglesias” era un “sueño colectivo fabricado” por “los demás”. La “leyenda” “Debajo de todo personaje hay siempre una persona con luces y sombras”, escribió Alfredo Fraile. El libro del que fue mánager de Julio Iglesias durante quince años es más contenido que el de Antonio del Valle, empezando por su título: Secretos confesables (Península, 2014). Fraile ayudó a “edificar una leyenda”, en sus palabras, del cantante. “En el caso de Julio Iglesias, bajo aquel ídolo de masas que yo mismo ayudé a crear, había un hombre complejo, con un portentoso poder de seducción, pero también con unas carencias personales que, sin duda, han condicionado su destino mucho más que sus aptitudes artísticas”, dice en una de sus páginas. Como con muchas otras personas de su entorno, Iglesias terminó mal con Alfredo Fraile. Le pasó igual con su primer manager, Enrique Herreros, los exasistentes Antonio del Valle y Toncho Nava —aunque con este último parece haberse reconciliado, ya que recibió el encargo de acondicionar la residencia que compró el pasado año en Ourense, según se ha publicado en medios — o Elvira Olivares, la niñera de sus hijos mayores. “Por norma, Julio siempre acabó alejando de su lado con desprecio a las personas que le ayudaron”, escribe Fraile, quien falleció en 2021 a causa de la covid-19. Para sus fans, el truhan mujeriego y el señor amante del amor son un personaje y una persona compatibles. Así lo señala el citado libro de Peyró en su versión original, que define al cantante como “macho rijoso” —rijoso es un animal inquieto o alborotado ante la presencia de una hembra, y también lujurioso y sensorial— que no merece “mucho aplauso” en tiempos de “reivindicación de una masculinidad tranquila a lo Perales” (escribe en referencia a los tiempos actuales). Aunque el escritor habla sobre la relación de Iglesias con las mujeres en términos de “trasiego de amantes”, “concubinas”, “caladero” y “renovación de stock”, ha considerado “importante subrayar” —aunque lo hace en una nota a pie de página— que Julio Iglesias “nunca ha sido acusado de conductas que son causa frecuente no ya de cancelación, sino directamente de código penal”. No obstante, el periodista en su reciente libro admite que “algunos comportamientos”, como “besos no deseados”, “no han estado bien nunca”. Lo que dice la ley Actualmente, un beso no consentido, según la ley de libertad sexual vigente desde 2022, supone una agresión sexual. El Tribunal Supremo condenó a un año y nueve meses de cárcel a un agente policial que besó en la mejilla a una detenida. O, en el caso de la denuncia de Jennifer Hermoso a Luis Rubiales, este fue condenado a pagar 10.800 euros de multa por el beso que le dio a la futbolista sin su consentimiento en la entrega de medallas del Mundial Femenino de Australia en 2023. Como ha relatado Laura (nombre ficticio) en entrevista con elDiario.es, a finales del verano de 2021, ella recibió un beso en la boca sin permiso previo, sin consentimiento, “con la lengua hasta las amígdalas”, mientras residía en la casa para desempeñarse como fisioterapeuta exclusivo para Julio Iglesias. Este hecho sucedió antes de la ley actual española, cuando un beso no consentido podía ser un abuso o una agresión, si se producía en un contexto de intimidación o violencia. Según el Código Penal de República Dominicana, donde trabajaba Laura, constituye una agresión sexual “toda acción sexual cometida con violencia, constreñimiento, amenaza, sorpresa, engaño”. El Código recoge un agravante cuando el agresor sexual tiene autoridad sobre la persona abusada. elDiario.es y Univision se pusieron en contacto en repetidas ocasiones y por diferentes vías con Julio Iglesias y con su abogado, sin obtener respuesta a las preguntas que estos medios le hicieron llegar por email, mensajes telefónicos y cartas entregadas en sus residencias. Para la Ley de Igualdad española, cualquier comportamiento, verbal o físico, de naturaleza sexual que tenga propósito o produzca el efecto de atentar contra la dignidad de la persona, en particular cuando se crea un efecto intimidatorio, degradante u ofensivo es acoso sexual. Cuando hechos de este tipo suceden en el entorno laboral, como presuntamente es el caso de Iglesias, es un factor que hay que sumar. Fama global Julio Iglesias es uno de los pocos cantantes españoles de fama global. Puede que el segundo que se internacionalizó tras Xavier Cugat, el músico catalán que triunfó en Estados Unidos tras emigrar a Cuba a principios del siglo XX. Y quizá, después de él, solo Rosalía. Una cuidada campaña de marketing en la que confluyó una gira por EEUU de casi 70 conciertos sold out en 37 ciudades y delante de 750.000 estadounidenses, junto a un cuidadoso diseño de imagen pública en el que se explotó al latin lover, le llevó a concluir la famosa “conquista de América” en 1984. Por esas fechas, la periodista Maruja Torres recibió el encargo de un reportaje siguiendo a Julio Iglesias en esa triunfante nueva vida en Estados Unidos, donde el artista se había ido a vivir para culminar su conquista internacional. Después de pasar unos días conociéndole a él y a su entorno, renunció a utilizar lo que vio como material periodístico. “Me di cuenta de que solo me salía una sátira. Por él, por su entorno y por mí”, explica a elDiario.es. Torres decidió utilizar parte de lo que conoció para escribir su primera novela, ¡Oh, es Él! Viaje fantástico hacia Julio Iglesias. “Como tema serio no daba de sí, más allá de los tópicos”, señala. Ahí salen personas reales desempeñando sus funciones habituales como parte de la corte del cantante, como Alfredo Fraile y su hermano Carlos Iglesias, empleados a los que Julio Iglesias “le gustaba humillar”, como explicó Torres en una entrevista en Jot Down . En la segunda página del libro, el personaje ya queda dibujado: “Un ayudante, rápido de reflejos, abrió un armario y sacó a una de las muchachas rubias y exquisitamente bellas que almacenaba para ocasiones como esta. La empujó con certera puntería, y la chica fue a caer en el hueco formado en el aire por el brazo izquierdo de Julio”. La autora recalcó en el prólogo que la historia era producto de su imaginación y los personajes eran inventados. Durante décadas, se ha entendido, e incluso admirado, la imagen de Julio Iglesias como la de un conquistador de mujeres, sin que apenas se quebrara este semblante con sospechas de violencia, abuso o acoso hacia ellas, con excepción, no muy explícita, de las memorias que escribió Vaitiaré Hirshon, actriz tahitiana que inició una relación con Iglesias en 1982, cuando ella tenía 18 años y él 40. Control En su libro Muñeca de trapo (Ediciones B, 2010), le acusó de ser “despiadado” y retrató ampliamente el control que él ejercía sobre ella. Esta explica que, cuando se instaló en su casa de Miami, él le dio una serie de “instrucciones”: no podía salir sin sostén (“no me gusta que los demás te miren por la calle”, le dijo), no podía usar zapatos con un tacón superior a los siete centímetros (“de ahí para arriba son zapatos de prostituta”), no podía llamar la atención con su maquillaje (“nada de sombras exageradas debajo de los ojos, ni rojos encendidos en las mejillas. Todas esas son costumbres de prostíbulos”) ni podía enseñar el escote en sus vestidos (“vi cómo de mi guardarropas desaparecieron los glamurosos vestidos de Larroche, rumbo a las pudorosas puntadas de la máquina de coser”). Vaitiaré narra en sus memorias que, además de todo este control sobre su persona, Julio Iglesias interrumpió deliberadamente su carrera como modelo: “Llueven los contratos, pero tú no me dejas aceptarlos”. Uno de esos contratos era un anuncio para una línea de cosmética: “No, ¿cómo se te ocurre?”, contestó Julio Iglesias antes de que ella pudiera responder. “Me muero por dentro. ¿Podría hacer el anuncio? Ya no estoy segura. Me siento destruida. Abro mi bolso y recurro a la cajita de los Valium”, escribe. “A veces me pregunto dónde dejé mis sueños. Me he convertido en tu muñeca de trapo, a veces pienso que la gente no alcanza a verme, siento que las miradas me atraviesan para enfocarse en ti, como si yo fuera de cristal, translúcida”, reflexiona, en uno de los momentos más conmovedores del libro. “Busco una razón y solo encuentro los celos”, es el análisis que hace Vaitiaré Hirshon sobre el control al que la somete. “Celos de todo, celos de todos, celos de todas”, añade. En su autobiografía se suceden los recuerdos de comportamientos machistas hacia otros hombres que se acercan a su novia, mientras que él incorpora a cenas, viajes o incluso a su cama a otras mujeres. Iglesias no realizó comentarios públicos sobre este libro y su autora ha declinado contestar las preguntas de este medio. “Los hombres agresores quieren que su pareja viva para ellos”, explica la psicóloga experta en violencia de género Olga Barroso, que sea él quien “llene completamente el cerebro y el corazón” de ella. Hay hombres que llegan a esa situación de control sobre su pareja porque “la esencia del machismo es defender que existe una superioridad de los hombres sobre las mujeres” y trasladan esa idea social a su relación de pareja. “Para conseguir que tu pareja sea tu subordinada, es necesario imponer ese control”, señala Barroso, al ser preguntada de manera general sobre el funcionamiento de la violencia machista. Entre esos mecanismos de control, el de los celos es uno de los más “normalizados”, como ha estudiado Miguel Lorente en trabajos como Mi marido me pega lo normal. Es lo que se conoce como un “mito” que intenta funcionar como atenuante de la agresión sexual, como en la expresión “si está celoso es porque te quiere”. “Las conductas de control a través de los celos, la ropa o el maquillaje, no son el fin en sí mismo, sino que son las estrategias para conseguir ese fin, que es tener a la mujer subordinada”, recalca Barroso. Pero no solo cumplen la función de herramienta para ejercer la dominación, sino que pueden ser también la consecuencia de la dominación. En cualquier caso, cuando se ejercen, se convierten también en “obstáculo” para las mujeres, ya que les impiden tener “libertad y justicia”. Que Julio Iglesias era “muy celoso”, lo ha revelado también su primera esposa, Isabel Preysler, en las memorias recientemente publicadas, Mi verdadera historia (Espasa, 2025). “Mientras que yo jamás sospeché que podía estar engañándome con alguna de sus fans o de sus compañeras de trabajo, y eso que algunas se excedían en sus muestras de admiración y cariño, él, en cambio, sentía unos celos enfermizos hacia cualquiera que se me acercara”, escribe Isabel Preysler. A renglón seguido, su exmujer revela que Iglesias le prohibió bailar con cualquier otro hombre (“Isabel, no quiero que bailes ni con Dios”, le dijo, “una frase demoledora pronunciada entre dientes”). “Su excesiva protección y vigilancia me aisló del mundo. Hay días en los que tenía la sensación de estar casi asfixiada”, valora. “Después de sus escenas de celos que fueron a más, Julio siempre me pedía perdón y yo me hacía la ilusión de que iba a cambiar. Y digo [ilusión] absurda porque los celos los llevaba inscritos en su ADN”, explica en su libro la madre de los tres primeros hijos del cantante. Isabel Preysler dice que él le dio una “explicación muy personal e íntima” sobre el motivo de su comportamiento. “Comprendí y aprendí a vivir con ello”, afirma. “Para complacerle, me olvidé de mí y me convertí en su ideal de mujer”, revela. Como resultado de ello, el mundo del artista se ensanchaba mientras el de ella se reducía “a las cuatro paredes” de su casa, de la cual no se movía cuando él salía de viaje porque “no podía soportar” que ella no contestara al teléfono cuando llamaba. En esa misma línea de control obsesivo, Preysler afirma que él no le daba permiso para salir con sus amigas o ir al cine con sus cuñados. Cuando ella supo que él le era infiel en sus viajes a Miami, se separaron y obtuvieron la nulidad matrimonial eclesiástica unos años después. El ex jefe de prensa, manager y hombre de confianza de Julio Iglesias durante la década de los ochenta y principios de los noventa, Fernán Martínez, habló de ese comportamiento posesivo sobre las mujeres en una entrevista en 2023, en la que dijo que el cantante era “muy celoso, enfermizamente celoso”. Martínez revela que, cuando el cantante tenía 45 años, exigió que se despidiera —aunque al final le “perdonó” y no lo hizo— a uno de sus técnicos de sonido porque había “mirado” a su novia, y no consentía que los pilotos de su avión privado pudieran “pasar a la cabina” si eran “más jóvenes que él”, en el caso de que Iglesias viajara acompañado por alguna mujer. Su exmayordomo Antonio del Valle, quien trabajó al servicio de Julio Iglesias en Miami tras la separación de Isabel Preysler, lo calificó en su libro de “erotómano”, “sometido a una sobrealimentación sexual” y un “desatado erotismo” que le lleva a la “necesidad de demostrar su poder” que no se limita a “llevarse a la cama” a las mujeres sino a “exhibirlas como trofeo de caza”. “El jefe de la tribu tenía su harén bien surtido de sumisas beldades entre las que siempre destacaba una favorita. Alrededor del déspota nos movíamos cautelosos los demás miembros de su corte”, escribe Del Valle. Julio Iglesias posa para un retrato en 1983, en Los Ángeles. A pesar de todo esto, su exmánager Alfredo Fraile recalca que nunca lo vio “tratando mal a una dama”. “Al menos no en mi presencia” añade el hombre que le representó musicalmente hasta 1984, año en el que le dejó tras una discusión, harto del ego del cantante y después de haber sido el cultivador de la famosa agenda roja de los tres mil teléfonos de mujeres. Un listín telefónico que es “parte de la mitología popular”, aunque, afirma, “es falso el contenido que se le presume”, que sean los contactos de las mujeres con las que se ha acostado. Una de sus bailarinas, que trabajó temporalmente como encargada de la casa de Punta Cana durante la pandemia, dijo de Julio Iglesias que es “un gran caballero y muy respetuoso con todas las mujeres”, a las preguntas de elDiario.es y Univision Noticias. Estos medios se pusieron en contacto con ella tras entrevistar a la extrabajadora doméstica Rebeca (nombre ficticio) y que ella señalara que la bailarina y jefa en la residencia dominicana del cantante había participado en uno de los encuentros sexuales no consentidos. Esta mujer calificó los hechos de “patrañas”. En sus memorias, Fraile valora que “Iglesias era muy digno en su condición de conquistador”. En su meteórico ascenso al mercado global, el mánager admite que les convenía que “su arrebatadora imagen sexual se mantuviera en lo más alto del imaginario popular durante el mayor tiempo posible, y que incluso creciera año a año”. Cuando define el tipo de vida que llevó el cantante mientras trabajó para él, no le pareció otra cosa que “vivir la vida a cuerpo de rey”. Iglesias no ha querido hablar para ninguno de los libros que otros han publicado sobre él. Además, ha mantenido distancia y silencio sobre ellos, aunque Hans Laguna reveló en el pódcast en el que adaptó su libro Hey!, que el cantante le llamó para felicitarle y agradecerle “todo el trabajo” que había hecho, aunque admitió no haberlo leído. Pero Iglesias sí ha criticado muy recientemente las noticias falsas sobre su persona, como cuando se habla de que está retirado. “Es increíble el mal que puede hacer un mal periodista”, escribió Iglesias en su perfil de Instagram en 2024. Lo que sí ha asegurado es que estaba escribiendo su propio libro de memorias, además de colaborar en una futura serie para Netflix que, asegura, cambiará “la percepción de su vida”. Comprobación de datos y edición: María Ramírez y Natalia Chientaroli Puedes leer más sobre nuestra investigación en nuestro especial aquí . Si has vivido o tienes conocimiento de un hecho similar a los que aquí se cuentan, queremos escucharte. 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