Pocos se atreven a admitirlo, pero casi todo el mundo alberga alguna manía o superstición. La Real Academia Española la define como una "querencia irracional ajena a la religión, que consiste en atribuir a determinados hechos una consecuencia positiva o negativa". Sin embargo, esta costumbre va mucho más allá, desde evitar pasar bajo una escalera, ahora reconvertida en andamio entre los más jóvenes, hasta el temor a un gato negro. Para arrojar luz sobre este fenómeno, el escritor y periodista Javier Sierra, experto en enigmas y misterios, ha analizado en la tarde de Cope el porqué de estas creencias tan arraigadas en un día señalado como el martes y 13. Uno de los temores más extendidos es la triscadecafobia, o el miedo irracional al número 13. Javier Sierra, que se declara "no triscadecafóbico", explica que esta aversión está más presente en nuestra sociedad de lo que parece. "Hablando del número 13, por ejemplo, en la Fórmula 1 nunca hay un coche número 13", ha señalado. El propio Ángel Nieto se refería a su duodécimo campeonato como el "12 más 1". Este vacío numérico se extiende a productos comerciales, como los coches de la casa Renault, que saltó del modelo 12 al 14. "No existe un Renault 13", ha recordado Sierra. La suspicacia llega hasta las más altas instituciones. Según el escritor, "cuando se inventa el DNI en época de Franco, Franco se llevó el DNI número 1, y a partir de ahí toda la familia va teniendo el 2, el 3, el 4, la familia actual real también, pero no hay DNI número 13", ha revelado. Lo mismo ocurre en el Museo del Prado, donde los visitantes pasan directamente de la sala 12, la de 'Las Meninas', a la 14. Tampoco existen plantas 13 en muchos hoteles ni filas 13 en numerosas aerolíneas, principalmente "por no infundir temor a los viajeros". El origen de esta superstición, según Sierra, se remonta a la antigüedad y tiene que ver con la ruptura del orden establecido. "En el mundo antiguo, todo orbitaba en torno a la observación de los cielos y los signos del zodíaco, que eran 12. Cuando había una cosa que era el 13, es que estaba fuera del orden cósmico", ha detallado. Este patrón se repite en la cultura cristiana con la Última Cena, donde Judas, el traidor, era el comensal número 13. Incluso en el antiguo Egipto, su 'Libro de los muertos' describe 12 etapas para alcanzar la eternidad en vida, siendo la decimotercera la que pertenece al más allá. Aunque en España el día de la mala suerte es el martes y 13, en la mayor parte del mundo es el viernes 13, popularizado por el cine de terror. La diferencia, explica Sierra, es cultural y ancestral. "Martes es el día de Marte, el día de la guerra, es el día de los conflictos, es el día donde todo puede salirte mal", ha comentado. En cambio, la connotación negativa del viernes se asocia con un hecho histórico: la extinción de los templarios. La orden de arresto contra ellos se emitió un viernes, 13 de octubre de 1307, y desde la caída de una orden tan poderosa, el día quedó marcado como una fecha de mal augurio en Europa. La perspectiva cultural también influye en otros símbolos. Mientras que en algunos países cruzarse con un gato negro es señal de mala suerte, en Escocia, por ejemplo, se considera un presagio de buena fortuna para una pareja recién casada. Esta dualidad demuestra que las supersticiones no son universales, sino que se adaptan y moldean según las tradiciones de cada lugar, confirmando que "la perspectiva es cultural, obviamente". Lejos de ser una cuestión de ignorancia o falta de inteligencia, la superstición ha acompañado a grandes genios y mentes brillantes a lo largo de la historia. El propio Sierra ha matizado que a veces es difícil distinguir la superstición de la "manía". Sin embargo, en el fondo, ambas responden a un mismo impulso. La carrera espacial es un ejemplo, donde en la NASA hubo un intenso debate sobre si nombrar Apolo 13 a la fatídica misión. "Casualmente, la nave, el cohete, se lanzó a las 13 y 13 horas del 11 de abril de 1970, que suma 13, y aquello acabó mal", ha recordado el periodista. En última instancia, para Javier Sierra, la superstición es una herramienta psicológica para lidiar con la incertidumbre. Es una mezcla de "control, consuelo y miedo a lo que puede pasar". El ser humano, consciente de su incapacidad para predecir el futuro, "se aferra a lo que sea como una especie de paracaídas o de salvavidas". Ya sea llevando un amuleto, repitiendo un ritual o vistiendo una camisa de la suerte para un examen, el objetivo es siempre el mismo: encontrar un ancla, un pequeño orden al que agarrarse en medio del caos del devenir.