No recuerdo a ningún expresidente del Gobierno tan buscado por el cañón de luz del escenario público, catorce años después de haber abandonado el poder, que Rodríguez Zapatero. De él se habla estos días en términos ditirámbicos o denigratorios. Para unos cuantos es el apóstol de la causa democrática en la tierra gentil de las dictaduras bolivarianas, y para otros –que se me antojan mayoría– es el cómplice de la satrapía madurista que ha hecho una gran fortuna personal a la sombra de Delcy Rodríguez. Los primeros le creen merecedor del reconocimiento público y los segundos confían en verle entrar en chirona. Yo no le deseo ningún mal (ni a él ni a nadie), pero me declaro mucho más próximo... Ver Más