"Estamos tejiendo piel en laboratorios para salvar a heridos como los de la tragedia de Suiza, a día de hoy, esta piel no tiene la misma función"

La Nochevieja de 2025 quedó marcada por la tragedia en una discoteca de la estación de esquí de Crans-Montana, en Suiza. Lo que comenzó como una celebración de fin de año terminó en un caos de bengalas, humo y una agonía que ha estremecido al mundo. Con 40 fallecidos y 116 heridos, muchos de ellos con quemaduras que desafían la tecnología médica actual, la atención se ha centrado en una pregunta crítica: ¿Es posible recuperar la piel cuando ya no queda nada? Jorge Alcalde, divulgador científico de cabecera de COPE, explicó durante su intervención que, a diferencia de un riñón o un corazón, el trasplante de piel tiene una naturaleza dual. "Se suelen trasplantar láminas de las diferentes capas de la piel para que sirvan o bien de depósito momentáneo para tapar la herida, o bien de andamiaje", señaló Alcalde. Este concepto de "andamiaje" es vital: no se busca siempre una sustitución definitiva, sino crear una estructura que proteja al paciente de infecciones y pérdida de líquidos mientras su propio organismo intenta regenerarse. Para profundizar en la complejidad clínica de los heridos en Suiza, el programa contó con la visión experta del Dr. David Gurpegui, especialista en cirugía plástica, estética y reparadora de la Clínica Universidad de Navarra. El doctor aclaró que, ante un gran quemado, la piel no es siempre la primera prioridad. "Lo primero es comprobar el estado de salud general. Un paciente puede haber inhalado humo tóxico o estar en estado de shock porque los quemados pierden agua a una velocidad rapidísima", explicó el Dr. Gurpegi. Se considera "gran quemado" a quien tiene más del 20% de su superficie corporal afectada, una cifra que en el caso de la tragedia suiza se ha superado en numerosos pacientes. Uno de los puntos más fascinantes de la charla fue la creación de tejido fuera del cuerpo humano. Aunque la piel de laboratorio —cultivada a partir de queratinocitos— es un avance prodigioso, el Dr. Gurpegi advirtió sobre sus limitaciones actuales. "A día de hoy, esta piel no tiene la misma función: no genera vello, no puede sudar y carece de la elasticidad de la dermis natural", subrayó el cirujano. Ante esta carencia, la medicina utiliza soluciones sorprendentes como las mallas térmicas. Se trata de estructuras procedentes de tejidos de vacas, ovejas o incluso peces que, tras ser "descelularizadas" (limpiadas de toda célula ajena), se utilizan para que el paciente cree sobre ellas su propia dermis. Pilar García Muñiz destacó la solidaridad del sistema español. El año pasado se recogieron en nuestro país más de 560.000 centímetros cuadrados de piel donada, una superficie que permitió realizar trasplantes a 43 pacientes críticos. Jorge Alcalde recordó que España cuenta con una red de bancos de piel en Madrid, Cataluña, Andalucía, Valencia, País Vasco y Galicia. Estos centros son los pulmones de la medicina regenerativa, procesando tejido de donantes fallecidos y láminas donadas en vida para que, ante tragedias como la de Crans-Montana, la ciencia tenga material para seguir tejiendo vida. Para finalizar, Alcalde quiso poner en valor este órgano a menudo olvidado: "Entre 4 y 7 de los kilos que vemos en la báscula cada mañana son de nuestra piel". Es nuestra frontera con el exterior, capaz de detectar el peso de un mosquito o variaciones térmicas de millonésimas de grado. Cuidarla no es solo cuestión de estética, sino de supervivencia.