Usted, que heredó un piso de su madre en un barrio periférico, con un puñado de recuerdos y un montón de desperfectos. Usted, que le dijo a su mujer hace 24 años, después de dos noches en vela, vamos a meternos en un piso que después será una ayudita para la jubilación. Usted, que se decidió, con más miedo que ambición, a poner ahí un dinerito ante el vértigo de verse alguna vez en el paro con nada. Usted, que pensó que nada le gustaría tanto como poder dejarle un piso a un hijo. Usted, que tuvo claro que iba a dedicar el premio de la Lotería de Navidad a un tercero con terraza y dos habitaciones. Usted, ya lo... Ver Más