Las cargas ganaderas, es decir, la cantidad de animales que un terreno puede soportar de forma sostenible, se han visto reducidas de forma significativa en regiones de todo el planeta. Es la principal conclusión de un trabajo internacional liderado por José D. Anadón, del Instituto Pirenaico de Ecología (IPE-CSIC), y Osvaldo E. Sala, de la Arizona State University. Los resultados, publicados en PNAS (The Proceedings of the National Academy of Sciences), revelan un marcado declive del ganado en zonas que albergan el 42% de la cabaña ganadera mundial. Aunque este proceso se ha desarrollado en los últimos 25 años, los investigadores destacan que su magnitud ha pasado en gran medida desapercibida y que esta tendencia global cuestiona la narrativa dominante que señala al sobrepastoreo como causa de la degradación de pastizales. En la actualidad, el pastoreo extensivo supone el uso del suelo con mayor presencia en todo el mundo. Sin embargo, la información de la que se dispone sobre esta práctica y su dinámica es sorprendentemente limitada, dado que su caracterización depende de estadísticas agrarias elaboradas por países o a escala regional, cuya calidad y resolución varían enormemente. En comparación, otros cambios en el uso del suelo —como la conversión de áreas naturales en cultivos o superficies urbanas— se conoce con mayor precisión y pueden estudiarse con relativa facilidad mediante imágenes de satélite. Según los investigadores, esta falta de información homogénea ha contribuido a que las tendencias de disminución del ganado hayan pasado desapercibidas en la literatura científica y en los diagnósticos globales. El trabajo analiza los patrones globales de variación en las cargas ganaderas, relacionándolos con factores socioeconómicos, tecnológicos y climáticos, y evalúa las consecuencias ecológicas que estas disminuciones pueden tener sobre el funcionamiento del planeta. En relación a las regiones, el estudio destaca que las más prósperas, con poblaciones estables, mayor disponibilidad de piensos y sistemas ganaderos menos dependientes del pastoreo, han reducido la densidad de ganado en sus pastizales. Así lo demuestran los datos en Europa, América del Norte, China y norte y sur de África, donde la disminución de la ganadería es relevante. Resulta significativo el caso de Europa del Este –incluida la Rusia asiática–, región en la que la ganadería ha disminuido prácticamente un 35% en los últimos 25 años. Por el contrario, territorios de Asia Central, Sudamérica y el África subsahariana han incrementado sus cargas ganaderas debido a un fuerte crecimiento demográfico y a una demanda de proteína animal en aumento, a pesar de sus limitaciones tecnológicas. «Durante décadas hemos interpretado los pastizales del planeta desde la óptica del sobrepastoreo», señala José D. Anadón. «Sin embargo, una parte sustancial del mundo está experimentando justo lo contrario: menos ganado, menor presión de pastoreo y transformaciones ecológicas profundas». Los autores advierten que la marcada reducción de la ganadería extensiva está desencadenando efectos ecológicos significativos a escala regional y global. «La ganadería extensiva es el principal creador y mantenedor de paisajes abiertos en el mundo, y su desaparición implica cambios a gran escala con numerosas consecuencias», explica el investigador del IPE-CSIC. Por ejemplo, la reducción del ganado extensivo puede provocar un aumento del riesgo de incendios, al favorecer una acumulación descontrolada de biomasa vegetal; o la pérdida de especies vegetales vulnerables, al permitir que unas pocas especies competitivas dominen la vegetación. Al mismo tiempo, la disminución del pastoreo puede incrementar la cantidad de biomasa y favorecer la captura de dióxido de carbono atmosférico, con posibles beneficios para el clima. «No se trata, por tanto, de un escenario únicamente negativo o positivo, sino de una realidad más compleja que combina riesgos y oportunidades», aclara Anadón. El pastoreo también influye en los flujos de agua: el aumento de la vegetación aumenta la proporción de agua que es utilizada por las plantas y transpirada a la atmosfera. Por tanto, la disminución del ganado implica una menor escorrentía y, finalmente, una menor cantidad de agua disponible para los usuarios. Aunque la reintroducción de fauna silvestre o el uso de otros tipos de herbívoros podrían, en algunos casos, sustituir parcialmente las funciones ecológicas que desempeña el ganado, los autores destacan que se necesita un mayor conocimiento científico para entender qué estrategias funcionan, en qué lugares y bajo qué condiciones. El estudio revela también un marcado sesgo en la literatura científica: existen diez veces más trabajos dedicados al sobrepastoreo que a la reducción de la carga ganadera. «Esta desproporción ha contribuido a una percepción global de degradación de los paisajes generalizada, condicionando tanto la investigación como las decisiones de gestión», destaca el investigador del IPE-CSIC. En este sentido, los autores instan a revisar las prioridades científicas y políticas para incorporar, de forma equilibrada, tanto las regiones en las que la ganadería se intensifica como aquellas en las que los herbívoros están disminuyendo, dada su relevancia para la seguridad alimentaria, la biodiversidad y los ciclos globales del carbono, el agua y la energía.